OTRO QUE ESCRIBE

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viernes, 18 de marzo de 2011

X-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres

X-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres

EL rayo de sol pasó por el hueco que dejaban las cortinas y dio en su rostro. El sol de Enero.
 Nicola recordó el campo de Santa Fe, el trigo, los gringos…
 ¡Cuántos gringos en Santa Fe!. Sabía que también había muchos en los pueblos de Córdoba y el Litoral, pero su Santa Fe era distinta. Quizás por eso el trigo era tan rubio.
Cuando en su tierra no hubo trabajo bueno para todos, Nicola y sus hermanos decidieron venir a Buenos Aires.
Hacia quince años que había dejado Esperanza y creyó que ya era tiempo de acomodarse a esta ciudad.
Pero es difícil olvidarse de lo que se amo, sobre todo cuando el presente no nos muestra la cara de otro amor.
 Se aferraba ahora, a los cuarenta años a aquellas cosas que le recordaban tiempos mejores, que le traían al alma el calor del lecho materno. Entonces se levantaba temprano, sin hacer ruido y se quedaba en la cocina, usando la semioscuridad de la mañana como la silente compañera.
 Sentía la boca seca y un gusto amargo le subía desde el estomago, Había bebido demasiado vino la noche anterior. Pensó que un mate le traería calor al cuerpo y algo de alivio.
Volvió a pensar en Santa Fe mientras echaba agua en la pava y la colocaba sobre el fuego de la hornalla.
Escupió en la pileta y sintió un gusto desagradable en la boca. Un vacio dentro del cuerpo le aviso que la soledad era un monstruo ubicuo y cabía en cualquier hueco del alma.
Se dio cuenta que estaba llorando cuando una lagrima le mojo el borde del labio.
¿Qué diría su abuela si lo viera llorar?
-Los hombres no lloran Nicolita. Los hombres no lloran. – Y lo miraría con esa mirada triste de quien ha visto guerras y seres queridos muertos.
-Los hombres no lloran. Frase de mierda-pensó, dicha por hombres que no se sienten hombres y mujeres que no quieren ni pueden entenderlos.
-¿Por qué tomas tanto Nicola? Le había recriminado su mujer la noche anterior.
-¡Pero dejame, mujer!
¿Qué sabe ella ?. ¿Sabe acaso lo que es trabajar como un burro ?. Todos los días igual. Siempre igual. Las situaciones se repiten como el nacimiento y la muerte de los hombres, como la salida y el ocaso del sol. Solo que esos hechos tienen la fuerza y el misterio de la Naturaleza, del sentido desconocido de la vida. Pero la sorda canción de la tragedia diaria, con su ruindad, pureza, arbitrio y simpleza niega la posibilidad del sueño. Del pensamiento trascendente. Solo es ahora y ahora era un vacio desértico para Nicola.
En ese estado el silencio produce soledad y no invita a cavilar o a la introspección. No existe lugar poético en un lugar vacio de poesía. ¿Dónde estará la pluma del poeta que relate el dolor de un obrero?
¿Donde las palabras refinadas y las imágenes soberbias reflejaran el dolor simple, que requiere de palabras y construcciones simples?
La vida de Nicola, no daba lugar a sueños. Demasiados golpes se cargan sobre el alma y no existe red que oculte la brutalidad de la vida.
 Quizás es la bebida, la que permite salir de ese mundo. Un mundo sin paredes a la hora de sentirse contenido y lleno de muros a la hora de volar. Pero el alcohol no es sangre y por eso pasa. Y  cuando se va del cuerpo, queda en la boca el sabor acre del mal alcohol y el de la vida derrotada.
Aun así ese vino es compañía, la que no se tiene en la mujer que vive con uno, en los hijos que se crían o en los vecinos con los que se comparten futilidades diarias y velorios.
Nicola sabía que su mujer sentía lo mismo. Sentía ese vacío que nos persigue como sombra.
-Es una buena mujer-pensó, mientras sacaba la pava de la hornalla y se dirigió a su cuarto.
Al entrar a la pieza observo a su mujer. Al lado de la cama, en una cuna, el pequeño Nicolas dormía. Tenía trece meses y había llegado como muchos de nosotros: Sin que los padres lo esperasen. Paso su mano curtida, fibrosa sobre el pelo enrulado de su hijo.
 Dejo la pava y el mate sobre la mesa y volvió a acostarse acercándose a su esposa que aprecia dormida dándole la espalda.
Sintió deseos de tener sexo y se apretó contra su cola en posición “cucharita”.
Ello se movió un poco y el espero. Luego volvió a acercarse y le levanto el camisón. Sintió la maravillosa sensación de la piel de sus nalgas sobre su pene y de pronto un pinchazo que lo hizo saltar.
Su mujer le había clavado las uñas,
-¿Qué haces estás loca?
-No me molestes y no grites que vas a despertar al nene!
Se froto la piel de su sexo con las manos. Todavía estaba erecto.
Sin duda su mujer estaba resentida por lo que paso la noche anterior. Llevaba la cuenta, hacia diecisiete días que  no tenían relaciones.
Mejor se levantaba definitivamente y se cambiaba para ir a trabajar
Se afeito y coloco algunas cosas en su bolso. Una toalla para el vestuario, jabón, un desodorante. Recordó que debía llevar yerba y puso su radio Spika. Su compañera a la que recurría para escuchar en tono bajo cuando viajaba en el micro que lo llevaba a la Petroleum
Salió para tomar el micro que lo llevaría a la Petroleum. Miro la hora y eran las seis y veinte de la mañana. EN diez minutos el micro iba  a pasar por la esquina de su casa. Apoyado contra el jacaranda que estaba allí espero su llegada, sintió la tibieza del sol sobre su rostro y pensó en Santa Fe.

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