OTRO QUE ESCRIBE

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lunes, 14 de marzo de 2011

IX-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres

IX-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres


Domínguez, Benítez y Ratto fueron caminando hacia el comedor.
Por el camino marcado por unas franjas amarillas para la circulación pedestre, se encontraron con otros obreros que iban en la misma dirección.
El comedor era un edifico gris, viejo con puertas de vidrio y paredes azulejadas.
Fue construido con ese fin y tenía tres grandes espacios.
Un galpón general, que era por lejos el espacio más grande, donde comían los obreros, allí las mesas eran de construcción simple, patas de metal tanto para las mesas como para las sillas y una formica enchapada cubriendo las partes que contactaban con el cuerpo de las personas
El segundo espacio era  un comedor con mesas y sillas de madera. Estaba en un ambiente que tenia madera enchapada cubriendo las paredes que a su vez  contaban con unos pocos cuadros pintados al oleo por algún artista novel y de horrible estética
El último era el espacio de gerentes y sus eventuales invitados y allí, aun cuidando ese estilo ascético de toda la construcción, había algo más de lujo.
 Sillas de madera forradas y mesas con la tabla de caoba.
Se colocaban dos copas y más de un juego de tenedores para los pasajes de plato frio a principal y luego al postre.
Benítez escuchaba que algunos  de los obreros que estaban delante de él en la fila hablaban del despido de Fratti. Ya habían tomado sus bandejas y estaban a la espera que los cocineros y sus ayudantes fueran sirviendo las raciones de menú.
Le llamo la atención que se comentase tanto un despido. Después de todo no era el primero ya que hacía dos meses la American había despedido a cinco delegados. Sin duda- pensó- a Fratti lo apreciaban todos.
Más adelante en la fila lo vio a Nicola que a los gritos se dirigía al cocinero:
-Dale “Panza”, echa un poco mas de ese “muerto” que hoy ando con hambre ¡
-Vos siempre andas con hambre , che!. Por que no le decís a tu mujer que  te cocine a la noche?
-Yo a la patrona, no la hago laburar porque la quiero fresquita en la cama- fanfarroneo Nicola
-Pero anda calandraca, que  venís a hacerte el león ¡!-contesto a los gritos el cocinero
Nicola se dirigió a la mesa donde se sentaban siempre con Domínguez, Benítez, Peralta, Ratto y el despedido Fratti.
Cuando se sentaron en ella sus otros compañeros, reparo en el peso de la ausencia de Fratti.
-Pobre Luisito- se dijo.
Se hizo un pesado silencio cuando todos estuvieron acomodados y Ratto no lo soporto:
-Esta comida tiene gusto a mierda ¡-lanzo, y se largo a reír.
Como observo que  nadie festejo su salida, se puso a comer con rapidez y en silencio.
-Viste al Gordo Porcel en la tele ? - pregunto Peralta a Benítez. Este le contesto negando con la cabeza mientras continuaba comiendo con su pausado estilo.
-Ese gordo es un turro!. Aunque a mi medio me pudre haciendo siempre lo mismo- continúo el muchacho.
-Entonces para que lo ves? - retruco Benítez sin dirigirle la mirada.

 A Peralta le molesto la forma en que Benítez hizo la pregunta. En el fondo se sentía molesto por como el Zorro se le había dirigido, el día anterior por una discusión que tuvieron sobre como criar a los hijos (-Pero vos callate. Si todavía sos un pendejo-le había dicho)
-Porque se me canta el culo- le contesto ahora el muchacho.
Benítez siguió comiendo aunque un cambio de expresión en su rostro le indicaba que el comentario del muchacho le había molestado realmente.
Domínguez busco cambiar de tema:
-El cura Repetto me dijo el domingo pasado que en Florencio Varela están organizando ollas populares para la gente
-Se siente que hay mas “mishiadura”, no?
Domínguez continuo: - Mi mujer va a ir a ayudar.
-A ayudar…a comer – dijo Ratto riendo y tan tentado se puso que su risa contagio a todos, incluso al pobre Domínguez que no sabía si enojarse o tomarlo en broma.
-En Florencio Varela vive Luis- acoto Peralta
-Encima que hay  miseria estos cabrones lo dejan a uno en la calle cuando se les canta-murmuro Nicola.
Benítez se apuro por terminar de comer y se levanto, era evidente que lo molestaba cuando se hablaba de Fratti. Esa dualidad entre los ideales y su actitud, pusilánime, frente a los hechos concretos.
-Bueno-dijo frotándose el estomago – ahora para bajar el “muerto” me voy a jugar un truquito.
-Ahora vamos- le contesto Ratto- Conseguite uno más y jugamos un “seis”
-Vos reemplazas rápido a la gente-le contesto Peralta pensando que el sexto para el juego de truco, era el sexto de esa mesa: el ausente Fratti
- Y que querés que ponga una foto de Luisito? – cerro Ratto.
Nicola los miró y sonrió. Luego cortó un pedazo de pan y comenzó a pasarlo por el plato. Por un instante se acordó de Mariana y de su Santa fe natal. Pero prefirió no pensar en ellos hasta no encontrarse en su casa. Convino que sería mejor hacerlo sentado en la puerta de su casa mientras su mujer le cebaba mates.
Seguramente los recuerdos aparecerían mas fluidos.

Al mediodía podían ingresar al vestuario para descansar o jugar al truco.
 Algunos aprovechaban que habían almorzado frugalmente y se duchaban.
Los vestuarios eran enormes salones donde estaban alineadas filas de armarios para cada operario y frente a ellos bancos de madera largos
Era el mismo modelo que el de vestuarios de los clubes, pero estos  estaban en la Petroleum: eran gigantescos.
Benítez ya se había instalado sobre uno de los bancos.
Había encendido un cigarrillo y jugueteaba con las cartas esperando a los otros
El lugar que el grupo ocupaba para jugar al truco era frente al armario de Domínguez.
Cada grupo tenía su lugar, algo acordado sin más intervenciones que los acuerdos de pares
A Benítez le resultaban fascinantes  estas costumbres. Todos respetaban los  asientos y las costumbres de agrupamientos, sea en el comedor, en los micros que los traían y llevaban y, en este caso en el vestuario para jugar al truco.
 No le atraía el orden. Lo atraía el acuerdo, ese acuerdo implícito-superior -que hacía que los hombres se organizasen sin necesidad de líderes. Solo por una ancestral y genética costumbre de ocupar un lugar en la manada,
Recordó que cuando trabajaba en el Frigorífico era igual. Seria ese un comportamiento de los obreros de las grandes fabricas ?. O acaso el comportamiento en cualquier grupo de adultos?
A Benítez le gustaba analizar el comportamiento de la gente y ese interés social le había hecho militar en su juventud.
Las juventudes comunistas lo habían atrapado a mediados de los 50. En la  época en que Perón era derrocado por  los conservadores el comenzaba a militar. Y lo hacia en una organización que no sentía como propia la derrota de los trabajadores con la caída de Perón.
Años después se interrogó por esta actitud, no de los comunistas, sino propia.
En su casa, su amado padre estaba destrozado. Un obrero de los frigoríficos, intensamente peronista y comprometido con su época, con su gente.
Pero asi era el Zorro, queriendo ser distinto a la corriente, queriendo ser analítico, no dejándose llevar por las emociones.
Controlando todo. Tratando de colocar cada pieza en su lugar
Cuando se integraba a un grupo, ejercía influencia, su palabra era escuchada. Era esperada
Y ahora no tenía nada que decir
Una de las sensaciones más humillantes para un hombre lo invadían: El miedo
Pero no era algo en lo que quería pensar ahora.
Entonces Ratto lo ayudo:
-Che Zorro tira las cartas – y continuo como para que todos lo oyesen: Que pasa no conseguiste a nadie ? Y rio, con esa risa cortada, caricaturesca y estrepitosa.
-Si le dije a Montoya- mientras repartía las cartas - en seis grupos -con la cara hacia arriba para ver como armaban los equipos
Le toco jugar con Ratto y Montoya
-Ja ¡ - grito Ratto- va a haber robo ¡!
Benitez levanto las cartas y las barajo nuevamente ahora para empezar el juego.
Mientras escuchaba las chanzas entre Ratto y el equipo contrario y pensó para si que debía haber acompañado el dolor de su padre y su hermano Hugo, en esos años de la caída del General Perón.
Como debía haber sido ahora más solidario con Domínguez , a quién veía abatido y renqueando
No hay caso, pensó el Zorro, no me voy a poder concentrar en este partido de mierda ¡!












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