OTRO QUE ESCRIBE

OTRO QUE ESCRIBE

domingo, 25 de septiembre de 2011

Charlas con Lobo Alpha: Hay días que no existen…

Charlas con Lobo Alpha: Hay días que no existen…


Estamos esperando a Rodriguez Ramos en los 36 Billares. Es un funcionario del ministerio de economía del gobierno de Tucumán que conocemos de nuestra época de militancia en los setenta.
El gobierno de Alperovich en Tucumán, quiere una investigación sobre un pedido de créditos del Ingenio Z al Banco X con sede en Luxemburgo
El Ingenio Z ha declarado una inversión de veinte millones de dólares y lo ha publicitado con bombos y platillos. Sin embargo Rodríguez Ramos y su gente han hecho un cálculo rápido de lo que se ha visto como instalación en la nueva planta del ingenio azucarero y las cuentas le dan menos que la cuarta parte.
Entonces, aparecen las dudas de para que sería ese hipotético excedente de quince millones de dólares y porque la familia Z, dueña del ingenio tuvo que pedir en un banco europeo ese préstamo que el Ministerio de Industria con planes de la Anses hubiese podido prestar al menos en gran parte.
El Lobo y yo sabemos cómo obtener información que otros no pueden.
“…Contactos, conocimiento sobre inversiones industriales y capacidad de análisis en contexto es lo que podemos ofrecerle para este tema mencionado…” decía el informe de presentación que llevamos hacía ya tres meses a la secretaria del Ministro de Economía de la provincia de Tucumán.
No sé por qué el Lobo decidió pedirle que venga a los 36 Billares.
Bueno en realidad lo imagino se que el colorado Lencinas le ha pedido una serie de notas sobre los cafés símbolo de Buenos Aires.
 Pero conociendo al Lobo sé que no fue en el Café de Los Angelitos o a Las Violetas donde empezó su recorrido.
Estuvo en la Boca, en Barracas y Boedo, recorriendo viejas glorias rodeadas de mugre y el olvido, aunque no carentes de historia rica.
-          En el calendario gregoriano hay diez días que no existen. Se pasa del día 4 de Octubre que existía en el Juliano al 15 de Octubre del Gregoriano- dice el Lobo en un ataque -que me parece místico- de matemáticas y astronomía.
-          Mira vos..- le digo con sorna
Está en “modo elucubración” de modo que no se detiene:
-          Es una maravilla humana, hacer desaparecer días del calendario.
-          Fue para ajustar una calculo errado de cuando se producía el equinoccio de primavera en el Norte,- comento
-          Exacto mi amigo. Pero lo notable es que se decidió que la  única manera de ajustar ese calculo -que producía a esa altura diez días de desajuste entre un calendario humano y el movimiento real de los astros en al amado Universo- era eliminar de cuajo los días 5 a 14 de Octubre de ese año, que si no me equivoco era 1582.
Lo dejo que se despache con el introito, porque sé que quiere llegar a otro punto.
-          Ahora vemos- continúa- que no solo se pueden hacer desaparecer días del calendario sino hacerlos aparecer, casi como que nunca hubieran existido
-          ¿Cómo es  eso? – le pregunto con curiosidad
-          EL 11 de Setiembre… No existía en el calendario hasta el 2001.
Toma el vaso con ron y se echa un sorbo, que luego paladea.
Estamos en el fondo del café que linda con un área reservada.
El Lobo tiene la vista fija sobre el fondo del salón que da a esa área. Se ve una entrada con un telón. Esta abierto y desde allí se escucha música de tango.
En esa área reservada se dan clases de tango y también se juega a los dados.
Entre la música suave de tango se escucha el golpe del vaso de cuero con los dados sobre la mesa.
-Según puedo leer en La Nación y en Clarín el 11 de Setiembre fue un día que empezó a existir en el 2001 con la destrucción de las torres gemelas. No existió un 11 de Setiembre donde se derroco al Chicho Allende y ni siquiera el 11 de Setiembre como día del maestro. Ni siquiera eso, el DIA DEL MAESTRO- dice impostando la voz y gesticulando su oratoria- para el diario La Nación tan apegado a las efemérides constructivas que amaba crear el fundador del diario, merece ser un tema central de recordación.

Sus ojos se quedan mirando el telón…el telón de fondo. El 11 de Setiembre de 1973 la reacción chilena, con Pinochet y el apoyo de Estados Unidos, lo derroco al Chicho. Todavía recuerdo algunas fotos que nos llegaron de ese día en el que se lo veía a Salvador Allende con su AK47, un regalo de Fidel.

“…“Quizás sea ésta la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación…”- Recuerdo los audios de cintas que nos llegaban los días posteriores y la imágenes del bombardeo, de la masacre posterior…

Creo que ese 11 de setiembre fue un Lunes o un Martes. Lo relaciono con el Miércoles de esa misma semana en el que nos reuníamos para repasar nuestras actividades y la situación política.
Ese Miércoles lo invitamos al viejo Nudelman ya que el nos había advertido la semana anterior de la posibilidad de un golpe de estado en Chile.

¿ Que sentí ese día ?. Lo traigo a mi cuerpo, al hombre que soy hoy. Y no puedo reproducir ese estado de excitación, adrenalina y belicismo.

-Yo pisare las calles nuevamente…- tararea el Lobo

Quiero traer ese día a mi mente, de un modo egoísta ya que pretendo hacerlo pasar por el recuerdo de mis sentimientos, de mis sensaciones encontradas, atolondradas, de joven de veinte años.

Ese día estaba en el calendario, y estará siempre, no solo porque dejo por lo menos tres veces mas muertos que el atentado a las torres gemelas, sino porque fue el inicio de una época que marco de oscuridad, sangre y entrega para nuestras patrias latinoamericanas.

-          Pero si es el Lobo Alpha y su inseparable amigo el Nachito Loyola ¡!!

La voz inconfundible de Rodriguez Ramos suena detrás de nosotros. Está bien vestido y, como cuando nos conocimos en los setenta, sigue usando el pelo peinado para atrás, solo que ahora tiene bastante menos.

Qué lindo que es este lugar, sabes que no lo conocía- comenta mientras nos abrazamos.

Hacía por lo menos veinte años que no lo veía, aunque el Lobo si había estado en contacto con él hará unos tres años, cuando la discusión por la 125 nos llevaba a intentar desarmar la máquina de desinformación que habían creado los patrones del campo y los medios como Clarín y La Nación.
Se lo ve bien, y está eufórico por el triunfo de Alperovich y los planes que piensan llevar adelante en Tucumán.
Mientras charlamos de generalidades y acordamos a la noche llevarlo a la milonga de Canning, ya que se declara fanático del tango, nos empieza a contar más en detalle el tipo de informe que requieren.

-          Y eso lo necesitamos a mas tardar para el mes que viene, digamos para el Martes 17 de Octubre- dice con una sonrisa.

El Lobo mira su agenda y le dice:- El 17 de Octubre es Lunes.

-Cierto. ¡ A ver si ahora nos acusan de inventar días que no existen o de hacerlos desaparecer!- exagera mientras ríe con ganas

-          No serías el primero amigo. No serías el primero- dice el Lobo mientras me guiña el ojo y termina el ron de su vaso.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Charlas con Lobo Alpha: Flores de invierno

Charlas con Lobo Alpha: Flores de invierno


Aníbal Vázquez tiene todavía el pelo blanco como la última vez que lo había visto a finales del 2001 cuando, ya jubilado, militaba en los movimientos de desocupados.

Sus ojos parecen perdidos y a sus ochenta años seguramente convivirá con fantasmas que le hablan al oído.

El "Tordillo" le decíamos en los 70 cuando era delegado del gremio petrolero y caminaba en esa orilla confusa y dificil que existía entre la marea revolucionaria y los vientos de cambio por un lado y la vida del sindicato y las reivindicaciones por el otro.

Cuando yo trate con el por primera vez sentí un rechazo, que después descubrí como mutuo. Para mí el representaba la burocracia sindical, casi un lumpen sin conciencia que acompañaba la lista de la burocracia entreguista.

 Para Aníbal, yo era la imagen de un joven de clase media metido a sindicalista. Un zurdito, de esos que abundaban a inicios o mediados de los '70.

Así empezamos, pero terminamos respetándonos como dos compañeros que luchan por defender derechos.

Propios y de otros.

EL "Tordillo" era uno de los dirigentes en la Shell cuando yo era un joven militante , que creía indefectiblemente que con conciencia, la clase obrera acabaría con la locura del capitalismo.

                                                         ---

 Cuando me ve abre esos ojitos de hombre cansado y me dice:

-Loyolita !!

Lo abrazo y me pongo a llorar como un forro.

-Como andas hermanito ? - le pregunto, mientras recuerdo, ese día de Marzo de 1976, que vino a decirme que vaya al vestuario y  le diese a Funes lo que tuviese dentro de mi armario y que pudiera complicarme.
 Funes era el encargado de cuidar en el vestuario de los obreros y tenía un par de sitios secretos donde guardar cosas.

 Ese día los milicos de la dictadura asesina, el brazo de la contra revolución sangrienta, entraron a la Shell y nos hicieron abrir los armarios. Al menos a algunos de nosotros.
 Lo que tenía en mi armario sin duda me hubiera puesto, cuando menos, en problemas, y el Tordillo se tomo ese trabajo de ayudarme pese a que yo militaba en la agrupación opuesta en el Sindicato.

 Pero el tenía en su alma y en su esencia algo que la vida le había dado: pertenencia, solidaridad frente a un necesitado y un increíble espíritu de clase

 Supe que lo que hizo por mí, fue porque admiraba lo que yo decía en las asambleas y le parecía extraño que ese pendejo de ojos celestes y pelo claro tuviese ese espíritu y ese compromiso.

 Yo aprendí a respetarlo a él y a varios de los que militaban en su lista, y sacarme de encima ese prejuicio pequeño burgués e izquierdista del "burócrata sindical".

- Me aviso tu hermana que estabas internado. Sabés cuantas veces pensé en ir a visitarte a tu casa, y ahora vengo porque estas en el hospital. Soy un impresentable!!

Se sonríe. Y mueve esa cabeza llena de pequeños rulos blancos que contrastan contra esa piel mate. El color de la piel de los hijos del país, decía Don Huerta uno de los delegados de mi lista que era del Partido Comunista.

Primero le pregunto por su enfermedad y luego comenzamos a charlar más animadamente a recordar situaciones, personas que ambos conocimos.

Y al verlo algo mejor de ánimo, me siento feliz. Útil.

- Ese laburo me chupó la sangre Loyolita.- me dice, mientras bebe tranquilamente un té que le alcanzo la enfermera, supongo que, calmante.

Recuerdo la frase de Marx, que me dijo el Lobo los otros días: “El capital es trabajo muerto, que para vivir, necesita vampirizar el trabajo vivo”

Será-le digo mientras lo palmeo afectuosamente y lo ayudo a recordar momentos de acción en su vida, como delegado en la Shell.

Sonríe
 -¿Que me decís de Cristinita?

-       Viste que éramos buena gente!- le contesto al vuelo

Seguimos recordando y hablando animadamente hasta que la enfermera me avisa que debo retirarme

Entonces me mira a los ojos y no me dice nada pero me recuerda la imagen final de mi abuelo Carlos en el hospital.

Sus ojos me avisan que se va a morir

Salgo del Argerich y voy caminando por Brown hacia el café “Nuevo Paris”.

Alli quedé en encontrarme con el Lobo y terminar de repasar el informe para el Vasco Eliceche.
Cuando llego lo veo en una mesa cerca de una mesa de billar. Está leyendo y tomando notas.

-       ¿Cómo anda tu amigo?
-       Para atrás
-       ¿Qué tiene?
-       Menos plata, de todo

Me observa mientras cierra su carpeta de apuntes pero deja marcada y abierta la pagina del libro en la que estaba trabajando. Yo le pido un café al mozo y acomodo algunas sensaciones antes de hablar

-       ¿Sabes?.Cuando estaba con el “Tordillo” me acorde de esa frase de Marx que me dijiste la otra vez, “El capital es..”- y giro mis dedos sin seguir la frase

Asiente

-       Fue por algo que me dijo el. Pero creo que en mi cabeza relacioné al “Tordillo”, a ese hombre luchador que conocí y el que veía ahora débil, muy cercano a la muerte


El Lobo me escucha y no dice nada. Continúo

-Es como si un vampiro le hubiese sacado lo mejor de sí, se hubiese chupado no su sangre sino su espíritu

-Y ese vampiro te apareció con la cara de,digamos, Rattazzi...

-Seguramente

Quedo mirando ese paisaje que existe en el vacío cuando nuestros ojos miran sin ver.

-       Quizás se pueda aprender algo de esto que sentiste. Quizás podamos entender que hay personas que están siempre. Aún cuando no las veamos porque están lejos o porque hayan dejado este mundo.
Personas que, como las flores de invierno se quedan, cuando las otras, las más bellas, las de mejor perfume nos han dejado porque llego el mal tiempo.


Tomo el libro que estaba leyendo el Lobo. Es una recopilación de poesías que tiene de algunas de Paco Urondo, Jose Marti y en la pagina que el tenía abierta había una poesía del Che Guevara llamada vieja María.

“…
Muere en paz, vieja luchadora.
Vas a morir, vieja María;
treinta proyectos de mortaja
 dirán adiós con la mirada,
el día de estos que te vayas.
Vas a morir, vieja María,
quedarán mudas las paredes de la sala
cuando la muerte se conjugue con el asma
y copulen su amor en tu garganta.
…”

Quizás sea asi, Como mi querido amigo el Lobo dice, y tengamos la suerte de llevar en el alma el recuerdo de los necesarios. De los que, como las flores de invierno se quedan con nosotros cuando los demás desaparecen.
Y nos muestran, como flores que son, la hermosura de la vida.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Charlas con Lobo Alpha: El tiempo pasado duele, pero la vida es hermosa

Charlas con Lobo Alpha: El tiempo pasado duele, pero la vida es hermosa


El Lobo está locuaz. Me cuenta sobre un proyecto que podemos tomar con el gobierno de Tucumán y otro con el gobierno de Entre Ríos.
En ambos tenemos amigos, viejos compañeros de militancia que hoy están en posiciones de gobierno, ejecutivas…
 Vamos por el puente Bosch, ese puente mágico que encierra la tragedia del tranvía caído en 1930 y que todavía es parte de la mitología urbana de los viejos porteños.
Nos dirigimos hacia Avellaneda y mi memoria vuela, y se deshilacha….
 La calle por la que vinimos se llama Lujan y es parte de una zona de casas bajas, luego uno se cruza con Coronel Bosch para salir directamente al puente. El nombre de esa calle y de ese puente recuerdan, supongo, al Coronel Roberto Bosch, uno de los héroes de la patriada de Paso de los Libres, cuando la base del partido radical era jacobina y la política para ellos era el camino de reparación de injusticias.
Luego de cruzar el puente, uno se encuentra en Piñeyro, un barrio dentro de la ciudad de Avellaneda.
Y nosotros hacemos ese camino porque fuimos a buscar a Martina Obdulia Gomez a Barracas y ella vive en esa calle que mencione, Pedro de Lujan
Martina es  una de las delegadas de la “DURAX” como la llaman todos, aunque la fabrica y la empresa tienen el merecido y pomposo nombre de Cooperativa Cristal Avellaneda-Durax Toda la vida.
Martina ingreso a la política gremial de la mano del Lobo.
Era una trabajadora del área de producción en el emblemático Horno 2 de la fábrica, que no solo representaba la posibilidad de que la fábrica produjese en términos de eficiencia, sino que era una especia de Tótem. La encarnación misma de lo que esa fábrica representaba.
En el 2002 la fabrica no solo estaba cerrada, sino que había sido saqueada.
Los ojos de Obdulia, quedaron marcados por esa época. Y en una maravillosa síntesis sobre los contrapuntos de la vida, ella jamás lograra que la tristeza desaparezca de sus ojos, así como jamás se apagara ese fuego femenino y maternal de lucha y vida que lleva dentro para siempre.
-Está preñada por la victoria – suele decir el Lobo cuando encontramos alguna de esas magnificas mujeres obreras que saben pelear como leonas.
 Y ahora cruzamos el puente Bosch y cruzamos por esa calle que tiene un nombre emblemático: Obreros de La Negra. Por el frigorífico La Negra.
Y no puedo evitarlo, es mucho para mí porque sé que soy un viejo pelotudo…pero lloro.
Y el Lobo mira para otro lado y Martina no entiende nada, como yo tampoco entiendo como a sus padres se les ocurrió ponerle Obdulia como segundo nombre.
Ahora vamos para Dock Sud a buscar a Soledad Gonzalez. Ir de Piñeyro a Dock Sud nos lleva por calles pequeñas, vueltas, giros… Y todo lo hacemos con gusto porque nos sentimos contentos en ese viaje.
Tenemos que ir para la zona del Puerto de Dock Sud y eso es parte de mi emoción. Yo viví en la refinería, porque mi padre trabajaba allí y fue jefe del taller mecánico y de calderería primero y de un área de mantenimiento mas adelante.
En el puerto de Dock Sud no hay embarcaciones para el solaz, sino buques petroleros.
Todavía tiene viviendas pobres, villas de emergencia e industrias petroquímicas como cuando yo era un chico de diez años y aprendía desde mi hogar de clase media acomodada a tratar con chicos de mi edad que vivían en villas.
Esa fue una escuela para mí  porque, luego, siempre entendí como reacciona un humilde frente a una injusticia y como reacciona un medio pelo cuando emerge su pobre vomito, de odio de clase hacia un humilde.
  Dock Sud es el corazón petroquímico del gran Buenos Aires y todavía mantiene esos olores pestilentes cargados en el aire, producto de la descomposición de restos de hidrocarburos, la destilación del petróleo, vapores y humo de alcoholes producto de una industria tan rica en sus beneficios económicos como terrible para la ecología del lugar.
 En mi juventud, cuando salíamos en bicicleta a recorrer ese mundo de las quintas de Dock Sud hasta la costa de Quilmes, nos encontrábamos muchas veces con terrenos donde bastaba con pisar fuerza para que los pies se hundiesen y cubriesen con una sustancia viscosa hija de la tierra, el agua y el petróleo.
 Vamos ahora hacia la casa de Soledad y entran a mi mente como vientos empujados por un huracán las quintas y las plantaciones de lechuga, tomate y otras hortalizas que después se vendían en los mercados de Dock Sud y de Avellaneda. Esa imagen de trabajo  decente, de buen cristiano, que quizás estamos recuperando.
 Esas pequeñas quintas desafiaban la furia destructiva del monstruo petroquímico porque entre los trípodes y la tierra triturada, algunos carros –salpicados sobre el paisaje- cargaban parte del fruto de la tierra y el trabajo honesto y se dirigían a la feria a venderlos.
  Ahora vemos los oscuros cascos de los barcos petroleros alzándose sobre esa boca del Riachuelo, monstruos sobre esas oscuras y sucias aguas…
-Recuerdo que vivías por acá- dice el Lobo para cortar esas lágrimas que de tantas parecen sudor en mi cara.
- También recuerdo un joven con ideales que no mariconeaba cuando había que poner el cuero- Y continua: - Dock Sud y La Boca tiene sangre común. Como vos y yo. Que sabemos que el pasado muchas veces duele. Pero sabemos también que la vida es hermosa…
- Lobo, quiere un mate?- pregunta Martina que siempre trae su termo y su mate
-Si dame uno Marti- dice cariñosamente el Lobo mientras se da vuelta hacia ella que está en el asiento de atrás
Cuando Martina le alcanza el mate, le pregunta:- Lobo, ¿puedo decirle Jorge?
El Lobo se queda confundido un segundo. Martina es una mujer cincuentona, algo gordita y ha trabajado toda su vida de obrera. Sus manos y sus dedos tienen las marcas maravillosas que el trabajo deja en la vida.
Sus ojos son de un marrón intenso y las arrugas surcan su cara como las estrias surcan el vientre de una mujer que ha tenido un hijo: Son la marca hermosa, no glamorosa, de la vida.
Pero todo eso y su espíritu la hacen una mujer hermosa…
-Si Marti, si me sebas otra mate, entonces podes…dice el Lobo mientras le guiña un ojo
Martina no solo admira al Lobo, veo en sus ojos y en su trato que está enamorada de él.
Pero igual que un servidor, el Lobo tiene Su Dama
 Nunca le pregunto al Lobo como sigue una relación con una mujer cuando veo que se produce ese indefinible estado en el que un hombre empieza a sentir una erección y una mujer ganas de hacer pipi.
Tampoco el me pregunta a mi cuando la situación se da a la inversa
Somos hombres de corazón amplio y cariño fácil pero tratamos de no lastimar ni ser lastimados.
Y aunque más de una vez hemos charlado como grandes amigos que somos, sobre las damas y su maravilloso hechizo,  no quiero ahondar ahora y  quizás hable de ello en otra charla con el Lobo Alpha.

viernes, 2 de septiembre de 2011

reflexiones del Lobo Alpha: Constitucion


 La reflexion espejo del Lobo Alpha 

Constitución
En el regreso de Hudson a bordo del Roca, entre pitos y flautas se hizo de noche, al llegar al andén de Constitución, el pasajerío sufrido se derramó hacia los molinetes. Nosotros como mucho jugamos de pasajeros de ocasión, pero soy consciente que para muchos compatriotas ese paisaje lúgubre plagado de incomodidades es el pan nuestro de cada día. 

Loyola me comenta que se está meando, pero que ni en pedo baja a esas letrinas hediondas en que se han convertido aquellos baños impolutos de la vieja estación. Reímos con algún comentario mío acerca del riesgo adicional a la mugre y el mal olor de los baños, que constituye el afán sociabilizante de algunos frecuentadores de letrinas, del tipo de los que se producen en los eventos para solos y solos.

Así entre estos devaneos llegamos al Hall y justo debajo del tablero en el centro de la estación, me despedí de Loyola.
Enfilé hacia la salida que da a la calle Herrera, la del costado que da al Este, a la intersección con la calle Caseros. Tropiezo con alguien en el intento y el pendejo me dice:
-          Ehh ¡viejo! ¿porque no mira por dónde camina?
Me paro en seco y sin palabras lo miro fijo y avanzo hacia él, mientras tanto tanteo en el bolsillo trasero del pantalón la sevillana automática que desde que tengo pelos en las piernas, me acompaña pa’ que me guarde de todo mal. El tipo se queda… y recuerdo el episodio del taxi y los sermones de Loyola, entonces distendiendo, sin dejar de comerle en alma con los ojos le digo:
-          Disculpá hermano andaba distraído…
El chavón, entre cagado y confundido sigue viaje y yo me quedo cargado de adrenalina, pero bien, comienzo a sentirme en mi elemento, la calle.
Pispéo hacia un costado y veo uno de esos mostradores de estación donde recalan desde almorzadores o merendantes de ocasión, hasta curdas irredentos que no se atreven a volver a casa si antes no se descerebran a fuerza de ginebras, grappas o vaya a saber que otros brebajes que no por ignotos, menos letales a la civilidad y el buen criterio.
Digo:
-        - Me da una “Valleviejo”
Y me quedo como un anacronismo, acodado a esa barra mugrienta mirando el Hall de esa estación de trenes, veo la gente fluir entre la boletería y los andenes y me vienen a la mente unos domingos de otro tiempo lejano en que algunos mediodías el gallego Ventura, un republicano que había perdido su familia en la guerra civil española, amigo de mi abuelo, me traía de paseo a la estación y me dejaba pasar el tiempo en una vitrina que tenía una locomotora a escala a la que se le podían poner monedas para que arranque y funcione por un rato.

Me empiné la Valleviejo hasta el fondo, pagué y seguí viaje hasta la salida de Herrera, la noche no estaba mal, ni demasiado fría ni remotamente cálida. 

En la esquina de Caseros, enfrente, en la manzana que demolieron para hacer la Autopista estaba el “Bar Gales”, recuerdo, de su puerta salía el bondi, lo que hoy se llamaría “Chárter”, que te llevaba a la refinería de La Shell en el Dock Sud. En el barrio interno de la refinería vivía mi amigo Loyola, su viejo era el jefe de mantenimiento de la planta, también vivió allí el cabezón Llerena que hoy es un reconocido sicoanalista Lacaniano, renegado de todo pasado libertario, que por otra parte fue el que nos presentó con el Nacho Loyola.

Llerena fue un importante y querido compañero con el que hace mucho tiempo nos distanciamos por un asunto de polleras, él tenía dos hermanas, pero eso forma parte de otra historia.
Yo como un boludo parado allí, en ese sitio donde todo el mundo tiene terror de que los roben, embelesado con las nostalgias del tiempo ido, del “Bar Gales” y la mar en coche. Una piba me  ofreció un ramito de flores y como un energúmeno le dije no gracias ya comí. Por fin me embarqué en un taxi de la cola y cuando estaba por pedirle que arranque para Palermo, cambié de idea y le dije:
-           -Brasil y Defensa por favor
Que joder, ya me puse una “Valleviejo”, el “Bar Gales” en el que esperé muchas tardes a Maria de los Angeles la hermana de Llerena, no está más, me parece por demás lícito ir a buscar los fantasmas amigos de otro tiempo, confío en que seguramente en el “Británico”, scotch mediante, no faltarán a la cita. Presiento que va ser una noche larga.

Mientras desde la ventanilla del taxi veo alejarse el paisaje margineta de la estación, pienso: Lo de Loyola al frenarme con el tachero esta tarde fue todo un acto de amor y a la vez un gesto que lo define como  el hombre que es, de apegos entrañables de familia, amistad y amores nítidos. 

Martin Loyola Echenique, ingeniero industrial amigo leal, compañero de luchas quijotescas es un ser viable con todas las de la ley, es la versión evolutiva de un modelo que merece perpetuarse. En cambio lo mío sin desmerecer, más a la luz de los hechos recientes en la estación, solo revela la naturaleza de lo que en verdad es un Lobo Alpha, un ser que solo tiene sitio para ser en la cresta de un destino determinado, y que fuera de esa circunstancia está destinado a desaparecer. 

Esto no es un pensamiento nefasto, es algo luminoso y nítido, limpio como una bala de diamante que atraviesa el entendimiento e ilumina. Un Lobo Alpha o lidera una manada o es destrozado en el intento, no tiene derecho a una vejez honrosa, ni obtendrá piedad de otros lobos frente a la más mínima muestra de debilidad.

El que siembra vientos recoge tempestades y eso es lo que temo estoy destinado a recoger. Pero mientras ese día llegue seguiré recorriendo la estepa, dando una, atrás de otra todas la batallas que sea preciso dar, porque es ley de vida, de cada cual su naturaleza y a cada quien su destino, no se me ocurre una ecuación de justicia más equilibrada.