OTRO QUE ESCRIBE

OTRO QUE ESCRIBE

miércoles, 30 de marzo de 2011

Esta bella poesia me la ha enviado mi amiga Marcela, sensible al punto de entender este relato del alma de un poeta masculino :Juan L. Ortiz (Juanele)‏.
De mi parte quiero decir con humildad que amo la poesia desde la entraña y esta sensiblidad como la de Juan Ortiz no coincide con la mia mas estructuralmente masculina. 
Pero a quien le importa eso cuando se puede leer algo tan hermoso:


FUI AL RÍO...

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.

Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

Los dias de estos dias-TigreDeVu

Una pequeña reflexion poetica de un servidor

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Los dias se cuentan de a uno
y todos valen lo mismo
 A veces parecen perdidos
esperando un colectivo o
en una cola de banco
 A veces parecen lujuriosos
despues una noche de sexo
 Ese dia uno
igual a este dia otro
 fue distinto.
 Porque llore,
 porque perdi algo
 Este dia otro
 es igual a aquel dia uno
 porque entendi a mis hijos
 una mujer me amo
 y me senti mejor persona
 Seran estos dias encadenados,
 estos dias encerrados en este momento
tan iguales en el recuerdo
sobre el dolor y el placer ?
 Dejenme contarlos
 Dejenme vivirlos
 Ojala tenga risas y lagrimas
para cada uno de ellos

sábado, 26 de marzo de 2011

Avellaneda Blues-XII: Pequeñas Historias de pequeños hombres

Avellaneda Blues-XII: Pequeñas Historias de pequeños hombres
 El ingeniero Pérez lo presentó al capataz. Giameo miró con atención a Olmos.
-Tiene buena experiencia como mecánico de autos. Sabe soldar y usar el soplete.-Mientras hablaba, Pérez miraba a Giameo para que este asintiera.
-Bueno-dijo secamente Olmos- para algo va a servir.
Pérez intentó una sonrisa y meneó la cabeza. Luego se despidió de Rubén afectuosamente y lo dejó a solas con Olmos.
-Yo le voy a presentar a Nicola que es el único que está acá. Los otros están trabajando en la planta.
-¿Cuántos son?- preguntó Giameo por decir algo
-Éramos siete hasta hace poco. Ahora somos seis y con usted volveremos a ser siete.
-Ah!-contesto sin entender demasiado la rebuscada contestación de Olmos.
-Che, Nico! Veni.-dijo el capataz.
Nicola se acercó limpiándose las manos con una estopa.
-El muchacho se llama…-Olmos no recordaba el nombre.
-Giameo.
-Eso, Giameo y es un compañero nuevo.
-¿Viene en lugar de Fratti?-preguntó Nicola.
-¿Qué te importa? ¿Vos pagas los sueldos a fin de mes?- le contestó Olmos de mala manera.
Nicola sonrió pensando que de buena gana le hubiera pegado a Olmos como lo había hecho con Vázquez unos días atrás. Pero Nicola no deseaba pelear.
-¿Va a trabajar conmigo? - preguntó.
Olmos pensó: Benítez con Peralta, Ratto con Domínguez y Nicola con Giameo.
Benítez era trabajador lo mismo que Nicola. Eran los dos mejores oficiales no solo de su sección, sino de toda el área. Otros capataces le decían que le envidiaban el tener a esos dos hombres en su equipo.
Repensó las parejas: Ratto era charlatán y bastante haragán y Domínguez aunque era trabajador era bastante inútil. No le agradó la idea de dejarlos juntos. Pero Peralta y Giameo eran jóvenes y nuevos. No tenía demasiado para elegir.
Hacía tiempo que había pedido un oficial y un medio oficial para su equipo. Aun antes de la salida de Fratti. Había demasiados equipos en el área asignados a él. Pero el tonto de Pérez nunca se animaba a solicitarlos con la fuerza suficiente.
Finalmente, miro a Nicola y dijo:
-Si- y mirando el pizarrón donde figuraban los trabajos pendientes continuó:- Vos deja esa bomba que estas arreglando y andá a ver el compresor que está detrás de la usina vieja.
-¿El C-62?
-Si ese. Ahí está el catálogo de Atlas Copco.  Llevalo si lo necesitás.
Nicola lo miro con autosuficiencia:- Cuando hicieron el catálogo lo consultaron a “papá”- dijo vistiendo el personaje que había decidido jugar ese día.
-Bueno “papá” andá a laburar. Luego miró al muchacho y le dijo:
-Chau Giameo, empiece con el pié derecho, eh?
-Sí. No se preocupe.
Olmos se retiro.
-Vamos, pibe – Le dijo Nicola. -¿Cuál es tu nombre?
-Giameo.
-No, ese es tu apellido, ¿cuál es tu  nombre?
-Ah. Rubén. Rubén Antonio.
-Parece que es tano tu viejo, ¿no?-dijo Nicola riendo y recordando a Reconquista.
-Era. Sí, era tano, tano- contesto Rubén moviendo la mano en sentido vertical para firmar lo que decía
Caminaron el equivalente de cinco cuadras, calculó el joven para sí
-Como hay que caminar acá, ¿no?- le comentó el joven a Nicola
-Ya llegamos. Vení.
Pasaron entre unas calderas y luego subieron una escalera metálica-En el primer piso había un hombre con casco verde. Según le habían explicado a Rubén, los operarios de mantenimiento de planta, como Nicola y Rubén usaban cascos amarillos y los operarios de operación de la planta llevaban casco verde. Así que Rubén fue lo primero que asoció al ver al hombre al que Nicola saludo con un:
-¿Qué haces Rucci?
-!Hueee  Nicola!  -contesto el hombre de un modo que Rubén reconoció como un saludo paisano que algunos compatriotas de su padre utilizaban para saludarse.
-Aquí estamos- Nicola reparo en Giameo y continúo: -Te presento a Rubén es un compañero nuevo.
-Mucho gusto. Martínez para servirlo.
Rubén saludó con agrado a Martínez, un hombre gordinflón que tenía una pequeña sonrisa como mueca en su cara
-Che “Rucci” ¿Qué le pasa a esta catramina?-pregunto Nicola
-¿Al compresor? No sé, no sé, se jodió de repente –respondió Martínez.
Fueron caminando hasta la sala donde estaba el equipo mientras Nicola murmuraba por lo bajo;-No sé, no sé. Parece mentira-dijo mirando a Rubén- es el  operador de esta planta desde hace cinco años y no sabe que puede producir la falla de un equipo.
Al llegar al equipo Giameo se sorprendió. No había pensado que un compresor podría llegar a tener ese tamaño. Observó detenidamente el equipo, pero al dirigirse a Nicola no le hablo sobre eso:
-¿Por qué le dicen Rucci?
-¿Cómo?
-Cuando saludaste a Martínez le dijiste Rucci. Pregunto por qué le dicen así.- Rubén debió levantar el tono de voz, porque el ruido de los equipos hacia difícil hablar a un nivel normal.
-Es uno de los delegados del turno y está en el Sindicato. Supongo que será por eso. ¿Sabés quien era Rucci, no?
Giameo asintió. No hizo ningún comentario sobre el apodo ni el dador del apodo, a quien no respetaba. Rubén era un joven de esa generación que no se llevaba bien con los líderes sindicales, digamos, clásicos del sindicalismo peronista.
Pero el no iba  a hablar de eso en la Petroleum y frente a alguien que recién conocía.
Mientras tomaban las herramientas y comenzaban la tarea, Giameo presto atención a la caja de herramientas de Nicola. No solo era enorme, sino que estaba decorada con fotos de paisajes, un escudo de Colon de Santa Fe y fotos familiares.
-Tenés un armario, no una caja de herramientas.-Bromeó Rubén
-Es mi compañera. Y tiene que ser linda. Así son las compañeras de Nicola. Lindas
Rubén pensó que Nicola era de esos hombres que se animaban a arreglar cualquier máquina. Como su padre o como el mismo. Le demostraría con el tiempo a Nicola que eran de la misma madera de hombres.
Que los motores, los componentes mecánicos no representaban para ellos un enigma, sino un rompecabezas. Un mecano que sabrían armar y desarmar.
Esa comprensión creaba la habilidad de componer, de arreglar. No era una comprensión creadora. Era reparadora.
Giameo sintió una pregunta dentro de él. ¿Por qué no tenía esa comprensión hacia su mujer? Era ridículo pensó compararlas. Pero comprender es una habilidad. ¿Por qué no la comprendía? ¿Por qué todo tuvo que terminar así?
Pensó si Nicola tendría la habilidad de comprender a las mujeres. O más precisamente si Nicola era capaz de entender a su mujer. Creyó que si. El hombre parecía seguro de sí mismo. Y eso solo se consigue si uno tiene una mujer que te ama, pensó Rubén, encontrando una respuesta a las siempre esquivas dudas masculinas.

viernes, 25 de marzo de 2011

Dylan Tomas-En mi oficio u hosco arte

Esta poesia de Dylan Thomas es de su "Collected Poems". Van aca dos traducciones, cuyos autores (los de las traducciones) desconozco y la poesia en ingles. Aun cuando te cueste leer en ingles, trata de hacerlo porque la musica de la poesia de Thomas es como mejor se aprecia
De todos modos las dos traducciones muestran dos enfoques radicalmente distintos de como llevarla a la lengua castellana

Original (Ingles)
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In my craft or sullen art
Exercised in the still night
When only the moon rages
And the lovers lie abed 
With all their griefs in their arms,
I labour by singing light
Not for ambition or bread
Or the strut and trade of charms
On the ivory stages
But for the common wages
Of their most secret heart
Not for the proud man apart
From the raging moon I write
On these spindrift pages
Nor for the towering dead
With their nightingales and psalms
But for the lovers, their arms
Round the griefs of the ages,
Who pay no praise or wages
Nor heed my craft or art

Trdauccion I
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 En mi oficio u hosco arte
ejercido en la noche en calma
cuando sólo rabia la luna
y los amantes descansan
con sus penas en los brazos,
trabajo a la luz cantora
no por ambición ni pan
lucimiento o simpatías
en los escenarios de marfil
sino por el común salario
de su recóndito corazón.

 No para los soberbios aparte
de la rabiosa luna escribo
en estas páginas rociadas
por las espumas del mar
ni para los encumbrados muertos
con sus ruiseñores y salmos
sino para los amantes, sus brazos
abarcando las penas de los siglos,
que no elogian ni pagan ni
hacen caso de mi oficio o arte.

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Traduccion II
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En mi oficio o arte huraño,
cuando en la noche callada
sólo la luna se enfada
y descansan los amantes 
 a las penas abrazados,
trabajo con luz cantante
no por el pan ni el engaño
del tablado de marfil,
ni por el halago o reto  
  de la ambición y la gloria,
sino por ganar la paga
de su corazón secreto.
No al que soberbio se aparte
de la luna que se enfada
 
  le escribiré con la alada
espuma del mar tronante,
ni a los muertos encumbrados
con salmos y ruiseñores,
escribiré a los amantes 
 a las penas abrazados
–a las penas de la historia–
que no pagan a cantores
ni alaban mi oficio o arte

NO TE DETENGAS

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas , dice este hermoso poema NO TE DETENGAS
He leido que ha sido atribuido erroneamente a Walt Whitman. Y la version traduicida que coloco aca aparece como hecha por el notable Leandro Wolfson que, parece que tampoco lo hizo
POR DIOS !! Quien ha escrito entonces esta maravilla

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No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

lunes, 21 de marzo de 2011

Cesar Vallejo- A mi hermano Miguel

Este poema de Cesar Vallejo, me estremece el alma. Sentir la ausencia del que necesitamos al punto de decir
"Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte."

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 A MI HERMANO MIGUEL
In memoriam
Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa.
Donde nos haces una falta sin fondo¡
Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá
nos acariciaba: "Pero, hijos..."
Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo.
Por la sala, el zaguán, los corredores.
Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.
Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.
Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya
cae sombra en el alma.
Oye, hermano, no tardes
en salir. Bueno? Puede inquietarse mamá.

Avellaneda Blues-XI: Pequeñas Historias de pequeños hombres

Avellaneda Blues-XI: Pequeñas Historias de pequeños hombres

-Eh Nicola, dale viejo ¡. ¡Ahora te quedas dormido en al sol como los lagartos¡
Nicola subió sonriendo al micro, saludo a todos y fue a sentarse a su asiento, al lado del petiso Ratto.
-¿Tomas sol como los jubilados-dijo Ratto forzando su risa nerviosa.
-No  petiso. Recupero energías.
-Ah, Nicolita ¡. La máquina yugoeslava ¡
-¿Qué paso Nicola? ¿Hubo guerra anoche?- le pregunto el “tordillo” Vázquez guiñándole un ojo.
-Y…se hace lo que se puede- dijo Nicola simulando modestia.
-Si Nico, se hace lo que se puede- contestó Vázquez.
Ratto lo miro con cara de escéptico y repitió con sorna: -Se hace lo que se puede –   se encogió de hombros y miro por la ventanilla.
-¿Qué te pasa, che?-le pregunto molesto el Tordillo.
-A mi nada. ¿Tenés cola de paja?
-Anda a la mierda petiso! Yo sé lo que querés decir. ¿Nos echas la culpa por lo de Fratti, no?
-Yo no dije nada- replico Ratto haciéndose el desentendido.
-¿No dijiste nada, eh? Vos sos un turrito, siempre la matás callando -Vazquez había agregado demasiada agresividad a su voz.
-Bueno, che ¡ No se peleen.- La voz vino de la parte de atrás del micro
-A mi nadie me dice lo que tengo que hacer-contestó furioso Vazquez.
Peralta había escuchado callado la discusión pero sintio que tenia algo en su garganta que debia salir:
-Ese es el problema Tordillo. A vos y a todos los de la Comisión y del Sindicato nadie les dice lo que tienen que hacer. Somos mil doscientos tipos que laburamos en la American y los únicos que deciden por nosotros son cinco o seis.
Entonces Vázquez se levanto.
Peralta le caía mal, como le caían mal todos los muchachos jóvenes como él y Fratti, que hablaban mirando a la cara y sin respetar a los mayores. Y sintió eso, que debía reprimirlo como un mayor reprime a un mocoso impertinente. Le dio una cachetada.
Entonces Nicola no aguanto, hubiera preferido no discutir, pero a Vázquez se la había ido la lengua y la mano. Peralta era uno de sus “pollos”. Tomo del cuello a Vázquez con su nudosa y enorme mano derecha y con la otra le pego con el puño cerrado.
Vázquez cayó pesadamente y el chofer detuvo el micro.
-¿Que mierda les pasa? ¡Están todos locos ¡
Varios se levantaron de sus asientos y detuvieron la pelea. Aunque ya no era tal. Vázquez estaba mareado.
Ratto intento una broma para aflojar los ánimos pero nadie la festejo. De a poco se fueron sentando y el micro reanudo su marcha.
El resto del viaje a la refinería lo hicieron en silencio.
Al entrar a la American uno de los guardias de la entrada subió al micro como era su rutina.
-Eh!. Que caras! Parece un velorio. ¿Paso algo?
Nadie le contestó. Al llegar a los vestuarios todos bajaron en silencio. Los otros micro que habían llegado desde distintos puntos ya habían llegado y en el interior los obreros mientras se cambiaban tenían sus charlas de rutina.
Ratto no tardo en enterar a cuanta persona estaba a su alrededor que Favelic le había pegado a Vázquez y la discusión en el micro.
Varios pasaron disimuladamente frente al ropero en el que se cambiaba Vázquez para observar el labio que guardaba con su hinchazón el recuerdo del golpe de Nicola.
-¿Qué miran? ¿Hay confites?-grito fastidiado.
Desde otro extremo del vestuario se escucho una voz: -No grites Tordillo ver si se te hincha mas el labio ¡
 La risa fue general.
-bah! Se van al carajo ¡-dijo Vázquez con disgusto y tomando su chaqueta de soldador salió del vestuario y fue caminando hasta el lugar de trabajo. Normalmente hubiese esperado que uno de los micros lo acercase al lugar de tareas, pero estaba enojado y molesto y no hubiera soportado el silencio de sus compañeros o las miradas.
El micro que llevaba a los obreros de su sección paso a su lado. De una de las ventanillas se escucho una pedorreta y  la instantánea risa de los que iban en el vehículo.
-Ya lo voy a agarrar a ese turro!-amenazo el Tordillo.
Mientras caminaba su cabeza trabajaba febrilmente. Se tocó el labio y lo notó hinchado. Favelic le había pegado duro.
¿Para qué preocuparse por ellos, Tordillo? ¿Para recibir sus burlas?. No saben lo que es pelear con la patronal. Se olvidan que hacía poco había evitado que despidiesen a Ramírez que había llegado al límite de llegadas tarde.
Ramírez tenía a su hijo menor enfermo de cáncer y su cabeza iba para un lado distinto al de su voluntad. Él, el “Tordillo” se lo había explicado al turro de Vidal.
Y al polaco Baroski, Boucoski o como mierda se llame lo iban a echar por borracho y él lo había evitado.
Él y el negro Delgado. Los del sindicato ni se metían en esos temas en los que consideraban que la debilidad de sus defendidos los tornaba indefendibles.
Pero para el Tordillo era al revés. Más entendía a un hombre cuando más abajo lo veía descender en su dignidad y autoestima.
Tenía ese instinto del pobre que es solidario con el pobre y no pregunta por qué.
Pero eso a veces actuaba como un límite para su propia comprensión como sindicalista.
Le costaba salir del rol de asistencia y pasar al de ser el representante de otros que tienen intereses contrapuestos a la patronal. Le resultaba más sencillo pedir, que reclamar. Su cabeza encontraba un límite en el reclamo en tanto consideraba superiores a los empresarios y a sus representantes.
Pensaba que tenía una responsabilidad y que la mayoría de los obreros no la entendía, que creían que él podía insultar a los “cuello duro” y listo. Entonces se conseguía todo.
Como si esa manga de gallinas hubiesen acompañado siempre las huelgas, los reclamos, las medidas de presión.
Ahí está lo que pasó con Fratti. ¿A ver que hicieron?
Acusarlo a él y a la Comisión de inacción, pro ninguno propuso algo. Ninguno empezó diciendo que la culpable era la  patronal y no la Comisión o el Sindicato.
Pasa algo y ya está. Buscar el culpable, no como solucionar el problema.
Fratti hablaba mucho. Seguro que era comunista o “trosco”.
Pero a él eso no debía importarle. Era un compañero y debía hacer algo por él. Ya lo habia decidido. Iría a la casa de Fratti a hablar con él.

sábado, 19 de marzo de 2011

Spinetta-Viviendo sin tu amor

El flaco Spinetta ha hecho letras vergonzosas y otras francamente maravillosas como esta poesia
que habla del amor de un hombre

Y si acaso no brillara el sol,
y quedara yo atrapado aqui,
no veria la razon en seguir viviendo sin tu amor...


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Si a tu corazon yo llego igual,
 todo siempre se podra elegir.
No me escribas la pared,
solo quiero estar entre tu piel.
Y si acaso no brillara el sol,
y quedara yo atrapado aqui,
no veria la razon en seguir viviendo sin tu amor...
y hoy que, enloquecido vuelvo
 buscando tu querer,
no queda mas que viento...
no queda mas que viento.
Y si acaso no brillara el sol,
y quedara yo atrapado aqui,
no veria la razon
   de seguir
     viviendo sin tu amor
Y  hoy que, enloquecido, vuelvo!
     buscando tu querer,
no queda mas que viento, no!,
 no queda mas que viento.
Y si acaso no brillara el sol y quedara yo atrapado aqui,
no veria la razon
   de seguir viviendo sin tu amor.

viernes, 18 de marzo de 2011

X-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres

X-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres

EL rayo de sol pasó por el hueco que dejaban las cortinas y dio en su rostro. El sol de Enero.
 Nicola recordó el campo de Santa Fe, el trigo, los gringos…
 ¡Cuántos gringos en Santa Fe!. Sabía que también había muchos en los pueblos de Córdoba y el Litoral, pero su Santa Fe era distinta. Quizás por eso el trigo era tan rubio.
Cuando en su tierra no hubo trabajo bueno para todos, Nicola y sus hermanos decidieron venir a Buenos Aires.
Hacia quince años que había dejado Esperanza y creyó que ya era tiempo de acomodarse a esta ciudad.
Pero es difícil olvidarse de lo que se amo, sobre todo cuando el presente no nos muestra la cara de otro amor.
 Se aferraba ahora, a los cuarenta años a aquellas cosas que le recordaban tiempos mejores, que le traían al alma el calor del lecho materno. Entonces se levantaba temprano, sin hacer ruido y se quedaba en la cocina, usando la semioscuridad de la mañana como la silente compañera.
 Sentía la boca seca y un gusto amargo le subía desde el estomago, Había bebido demasiado vino la noche anterior. Pensó que un mate le traería calor al cuerpo y algo de alivio.
Volvió a pensar en Santa Fe mientras echaba agua en la pava y la colocaba sobre el fuego de la hornalla.
Escupió en la pileta y sintió un gusto desagradable en la boca. Un vacio dentro del cuerpo le aviso que la soledad era un monstruo ubicuo y cabía en cualquier hueco del alma.
Se dio cuenta que estaba llorando cuando una lagrima le mojo el borde del labio.
¿Qué diría su abuela si lo viera llorar?
-Los hombres no lloran Nicolita. Los hombres no lloran. – Y lo miraría con esa mirada triste de quien ha visto guerras y seres queridos muertos.
-Los hombres no lloran. Frase de mierda-pensó, dicha por hombres que no se sienten hombres y mujeres que no quieren ni pueden entenderlos.
-¿Por qué tomas tanto Nicola? Le había recriminado su mujer la noche anterior.
-¡Pero dejame, mujer!
¿Qué sabe ella ?. ¿Sabe acaso lo que es trabajar como un burro ?. Todos los días igual. Siempre igual. Las situaciones se repiten como el nacimiento y la muerte de los hombres, como la salida y el ocaso del sol. Solo que esos hechos tienen la fuerza y el misterio de la Naturaleza, del sentido desconocido de la vida. Pero la sorda canción de la tragedia diaria, con su ruindad, pureza, arbitrio y simpleza niega la posibilidad del sueño. Del pensamiento trascendente. Solo es ahora y ahora era un vacio desértico para Nicola.
En ese estado el silencio produce soledad y no invita a cavilar o a la introspección. No existe lugar poético en un lugar vacio de poesía. ¿Dónde estará la pluma del poeta que relate el dolor de un obrero?
¿Donde las palabras refinadas y las imágenes soberbias reflejaran el dolor simple, que requiere de palabras y construcciones simples?
La vida de Nicola, no daba lugar a sueños. Demasiados golpes se cargan sobre el alma y no existe red que oculte la brutalidad de la vida.
 Quizás es la bebida, la que permite salir de ese mundo. Un mundo sin paredes a la hora de sentirse contenido y lleno de muros a la hora de volar. Pero el alcohol no es sangre y por eso pasa. Y  cuando se va del cuerpo, queda en la boca el sabor acre del mal alcohol y el de la vida derrotada.
Aun así ese vino es compañía, la que no se tiene en la mujer que vive con uno, en los hijos que se crían o en los vecinos con los que se comparten futilidades diarias y velorios.
Nicola sabía que su mujer sentía lo mismo. Sentía ese vacío que nos persigue como sombra.
-Es una buena mujer-pensó, mientras sacaba la pava de la hornalla y se dirigió a su cuarto.
Al entrar a la pieza observo a su mujer. Al lado de la cama, en una cuna, el pequeño Nicolas dormía. Tenía trece meses y había llegado como muchos de nosotros: Sin que los padres lo esperasen. Paso su mano curtida, fibrosa sobre el pelo enrulado de su hijo.
 Dejo la pava y el mate sobre la mesa y volvió a acostarse acercándose a su esposa que aprecia dormida dándole la espalda.
Sintió deseos de tener sexo y se apretó contra su cola en posición “cucharita”.
Ello se movió un poco y el espero. Luego volvió a acercarse y le levanto el camisón. Sintió la maravillosa sensación de la piel de sus nalgas sobre su pene y de pronto un pinchazo que lo hizo saltar.
Su mujer le había clavado las uñas,
-¿Qué haces estás loca?
-No me molestes y no grites que vas a despertar al nene!
Se froto la piel de su sexo con las manos. Todavía estaba erecto.
Sin duda su mujer estaba resentida por lo que paso la noche anterior. Llevaba la cuenta, hacia diecisiete días que  no tenían relaciones.
Mejor se levantaba definitivamente y se cambiaba para ir a trabajar
Se afeito y coloco algunas cosas en su bolso. Una toalla para el vestuario, jabón, un desodorante. Recordó que debía llevar yerba y puso su radio Spika. Su compañera a la que recurría para escuchar en tono bajo cuando viajaba en el micro que lo llevaba a la Petroleum
Salió para tomar el micro que lo llevaría a la Petroleum. Miro la hora y eran las seis y veinte de la mañana. EN diez minutos el micro iba  a pasar por la esquina de su casa. Apoyado contra el jacaranda que estaba allí espero su llegada, sintió la tibieza del sol sobre su rostro y pensó en Santa Fe.

martes, 15 de marzo de 2011

Walt Whitman. Canto a mi mismo verso 14

14. Estoy enamorado de cuánto crece al aire libre,
de los hombres que viven entre el ganado,
o de los que paladean el bosque o el océano,
de los constructores de barcos y de los timoneles,
de los hacheros y de los jinetes,
podría comer y dormir con ellos semana tras semana.

Lo más común, vulgar, próximo y simple,
eso soy Yo,
Yo, buscando mi oportunidad, brindándome
para recibir amplia recompensa,
engalanándome para entregar mi ser
al primero que haya de tomarlo,
sin pedir al cielo que descienda cuando yo lo deseo,
esparciéndolo libremente para siempre.

lunes, 14 de marzo de 2011

IX-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres

IX-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres


Domínguez, Benítez y Ratto fueron caminando hacia el comedor.
Por el camino marcado por unas franjas amarillas para la circulación pedestre, se encontraron con otros obreros que iban en la misma dirección.
El comedor era un edifico gris, viejo con puertas de vidrio y paredes azulejadas.
Fue construido con ese fin y tenía tres grandes espacios.
Un galpón general, que era por lejos el espacio más grande, donde comían los obreros, allí las mesas eran de construcción simple, patas de metal tanto para las mesas como para las sillas y una formica enchapada cubriendo las partes que contactaban con el cuerpo de las personas
El segundo espacio era  un comedor con mesas y sillas de madera. Estaba en un ambiente que tenia madera enchapada cubriendo las paredes que a su vez  contaban con unos pocos cuadros pintados al oleo por algún artista novel y de horrible estética
El último era el espacio de gerentes y sus eventuales invitados y allí, aun cuidando ese estilo ascético de toda la construcción, había algo más de lujo.
 Sillas de madera forradas y mesas con la tabla de caoba.
Se colocaban dos copas y más de un juego de tenedores para los pasajes de plato frio a principal y luego al postre.
Benítez escuchaba que algunos  de los obreros que estaban delante de él en la fila hablaban del despido de Fratti. Ya habían tomado sus bandejas y estaban a la espera que los cocineros y sus ayudantes fueran sirviendo las raciones de menú.
Le llamo la atención que se comentase tanto un despido. Después de todo no era el primero ya que hacía dos meses la American había despedido a cinco delegados. Sin duda- pensó- a Fratti lo apreciaban todos.
Más adelante en la fila lo vio a Nicola que a los gritos se dirigía al cocinero:
-Dale “Panza”, echa un poco mas de ese “muerto” que hoy ando con hambre ¡
-Vos siempre andas con hambre , che!. Por que no le decís a tu mujer que  te cocine a la noche?
-Yo a la patrona, no la hago laburar porque la quiero fresquita en la cama- fanfarroneo Nicola
-Pero anda calandraca, que  venís a hacerte el león ¡!-contesto a los gritos el cocinero
Nicola se dirigió a la mesa donde se sentaban siempre con Domínguez, Benítez, Peralta, Ratto y el despedido Fratti.
Cuando se sentaron en ella sus otros compañeros, reparo en el peso de la ausencia de Fratti.
-Pobre Luisito- se dijo.
Se hizo un pesado silencio cuando todos estuvieron acomodados y Ratto no lo soporto:
-Esta comida tiene gusto a mierda ¡-lanzo, y se largo a reír.
Como observo que  nadie festejo su salida, se puso a comer con rapidez y en silencio.
-Viste al Gordo Porcel en la tele ? - pregunto Peralta a Benítez. Este le contesto negando con la cabeza mientras continuaba comiendo con su pausado estilo.
-Ese gordo es un turro!. Aunque a mi medio me pudre haciendo siempre lo mismo- continúo el muchacho.
-Entonces para que lo ves? - retruco Benítez sin dirigirle la mirada.

 A Peralta le molesto la forma en que Benítez hizo la pregunta. En el fondo se sentía molesto por como el Zorro se le había dirigido, el día anterior por una discusión que tuvieron sobre como criar a los hijos (-Pero vos callate. Si todavía sos un pendejo-le había dicho)
-Porque se me canta el culo- le contesto ahora el muchacho.
Benítez siguió comiendo aunque un cambio de expresión en su rostro le indicaba que el comentario del muchacho le había molestado realmente.
Domínguez busco cambiar de tema:
-El cura Repetto me dijo el domingo pasado que en Florencio Varela están organizando ollas populares para la gente
-Se siente que hay mas “mishiadura”, no?
Domínguez continuo: - Mi mujer va a ir a ayudar.
-A ayudar…a comer – dijo Ratto riendo y tan tentado se puso que su risa contagio a todos, incluso al pobre Domínguez que no sabía si enojarse o tomarlo en broma.
-En Florencio Varela vive Luis- acoto Peralta
-Encima que hay  miseria estos cabrones lo dejan a uno en la calle cuando se les canta-murmuro Nicola.
Benítez se apuro por terminar de comer y se levanto, era evidente que lo molestaba cuando se hablaba de Fratti. Esa dualidad entre los ideales y su actitud, pusilánime, frente a los hechos concretos.
-Bueno-dijo frotándose el estomago – ahora para bajar el “muerto” me voy a jugar un truquito.
-Ahora vamos- le contesto Ratto- Conseguite uno más y jugamos un “seis”
-Vos reemplazas rápido a la gente-le contesto Peralta pensando que el sexto para el juego de truco, era el sexto de esa mesa: el ausente Fratti
- Y que querés que ponga una foto de Luisito? – cerro Ratto.
Nicola los miró y sonrió. Luego cortó un pedazo de pan y comenzó a pasarlo por el plato. Por un instante se acordó de Mariana y de su Santa fe natal. Pero prefirió no pensar en ellos hasta no encontrarse en su casa. Convino que sería mejor hacerlo sentado en la puerta de su casa mientras su mujer le cebaba mates.
Seguramente los recuerdos aparecerían mas fluidos.

Al mediodía podían ingresar al vestuario para descansar o jugar al truco.
 Algunos aprovechaban que habían almorzado frugalmente y se duchaban.
Los vestuarios eran enormes salones donde estaban alineadas filas de armarios para cada operario y frente a ellos bancos de madera largos
Era el mismo modelo que el de vestuarios de los clubes, pero estos  estaban en la Petroleum: eran gigantescos.
Benítez ya se había instalado sobre uno de los bancos.
Había encendido un cigarrillo y jugueteaba con las cartas esperando a los otros
El lugar que el grupo ocupaba para jugar al truco era frente al armario de Domínguez.
Cada grupo tenía su lugar, algo acordado sin más intervenciones que los acuerdos de pares
A Benítez le resultaban fascinantes  estas costumbres. Todos respetaban los  asientos y las costumbres de agrupamientos, sea en el comedor, en los micros que los traían y llevaban y, en este caso en el vestuario para jugar al truco.
 No le atraía el orden. Lo atraía el acuerdo, ese acuerdo implícito-superior -que hacía que los hombres se organizasen sin necesidad de líderes. Solo por una ancestral y genética costumbre de ocupar un lugar en la manada,
Recordó que cuando trabajaba en el Frigorífico era igual. Seria ese un comportamiento de los obreros de las grandes fabricas ?. O acaso el comportamiento en cualquier grupo de adultos?
A Benítez le gustaba analizar el comportamiento de la gente y ese interés social le había hecho militar en su juventud.
Las juventudes comunistas lo habían atrapado a mediados de los 50. En la  época en que Perón era derrocado por  los conservadores el comenzaba a militar. Y lo hacia en una organización que no sentía como propia la derrota de los trabajadores con la caída de Perón.
Años después se interrogó por esta actitud, no de los comunistas, sino propia.
En su casa, su amado padre estaba destrozado. Un obrero de los frigoríficos, intensamente peronista y comprometido con su época, con su gente.
Pero asi era el Zorro, queriendo ser distinto a la corriente, queriendo ser analítico, no dejándose llevar por las emociones.
Controlando todo. Tratando de colocar cada pieza en su lugar
Cuando se integraba a un grupo, ejercía influencia, su palabra era escuchada. Era esperada
Y ahora no tenía nada que decir
Una de las sensaciones más humillantes para un hombre lo invadían: El miedo
Pero no era algo en lo que quería pensar ahora.
Entonces Ratto lo ayudo:
-Che Zorro tira las cartas – y continuo como para que todos lo oyesen: Que pasa no conseguiste a nadie ? Y rio, con esa risa cortada, caricaturesca y estrepitosa.
-Si le dije a Montoya- mientras repartía las cartas - en seis grupos -con la cara hacia arriba para ver como armaban los equipos
Le toco jugar con Ratto y Montoya
-Ja ¡ - grito Ratto- va a haber robo ¡!
Benitez levanto las cartas y las barajo nuevamente ahora para empezar el juego.
Mientras escuchaba las chanzas entre Ratto y el equipo contrario y pensó para si que debía haber acompañado el dolor de su padre y su hermano Hugo, en esos años de la caída del General Perón.
Como debía haber sido ahora más solidario con Domínguez , a quién veía abatido y renqueando
No hay caso, pensó el Zorro, no me voy a poder concentrar en este partido de mierda ¡!












sábado, 12 de marzo de 2011

VIII-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres

VIII-Avellaneda Blues-Pequeñas historias de pequeños hombres


-¿Viste que lo rajaron a Luis?
Benítez ni se inmuto frente a la pregunta de Domínguez y se limito a responder:- Aha.
-Pobre, no?- contesto Domínguez dibujando en su rostro un gesto de pesadumbre.
Benítez continuaba con su tarea y después de un largo silencio dijo
-Mira Juan, ya hace ocho años que trabajo en la Petroleum y a todos los que hablaban como el pibe, los terminaron rajando.
-Puta, Zorro, a veces pareces botón, disculpa que te lo diga!

Benítez callo lo que iba a responder y siguió reparando la bomba, La conocía bien, ya que no era la primera vez que la reparaba.
 Era una de las bombas alternativas de la planta de alquitrán, de las llamadas de doble efecto.
Al Zorro le encantaba reparar las bombas de ese tipo, ponerla a punto: los pistones, el balancín, la corredera…
 El Zorro Benítez tenía devoción por lo que él consideraba talento. Así sintió, cuando era joven,  que debía jugar al futbol y así sentía hoy, con más de cuarenta años cuando bailaba tango.
 Mover la pelota con gracia y a la dama invitarla a que muestre de que está hecha
Esa cultura del Zorro, la del elegante, el “cajetilla”, la había aprendido de su abuelo y la había cultivado en su juventud en Avellaneda y Quilmes.

-Yo la verdad no te entiendo- continuo Domínguez.- A veces decís una cosa y te haces el revolucionario y otras veces hablas como ahora.

Benítez continuo poniendo aceite en los alemites.
Sabia de lo que hablaba Domínguez. El tenía esa dualidad: ideales para las grandes cuestiones de la vida y un cinismo y un sentido común aberrante en muchas situaciones cotidianas que lo tocaban. Sobre todo aquellas que lo obligaban a confrontar con sus ideales.
Movió el vástago y comprobó que la corredera se desplazaba en forma sincronizada con el pistón.
Sintió satisfacción y miro con una sonrisa soberbia a Domínguez, alertándolo del resultado positivo de la reparación.
 Luego junto las herramientas y las coloca en una bolsa y otras en una caja. Coloco ambos sobre una carretilla de dos ruedas como la que tienen los maleteros de las estaciones de trenes, en la que llevaban las herramientas de peso.
-Bueno vamos Juan, a la tarde la terminamos.

Domínguez recogió sus herramientas las coloco en la carretilla y juntos fueron caminando hacia el pañol.
De mal humor como estaba, la charla con Benítez había terminado de descolocarlo.
Durante los últimos meses se sentía deprimido y el había concluido que se trataba de una suma cuyos términos eran el dolor de su pierna y la falta de dinero.
El y su mujer no despilfarraban el dinero pero aun así les resultaba escaso. Recordaba la diferencia con otras épocas en las que habían podido ahorrar y comprarse el terreno en Dock Sud donde construyeron su casa.
 Juan Domínguez pudo criar y lograr que sus dos hijas estudiasen y más de un fin de año pudo hacer donativos a la iglesia católica de la que el y su mujer eran tan devotos.
 Pero ahora sentía que todo era distinto, le costaba entender lo que pasaba a su alrededor. El creía en la justicia y la igualdad entre los hombres pero no aceptaba la política radicalizada ni a los guerrilleros.
 Su alma era naturalmente cristiana, entendía que debía amar al otro. Le costaba cuando no podía entender el comportamiento de alguien a quien creía que debía entender.
 Su mujer que lo había amado apasionadamente en la juventud, guardaba ahora hacia él una actitud de cariño por los años vividos y cierto enojo ligado al paso del tiempo: El no era el que ella había conocido
Viendo que no era el mismo, sus observaciones sobre la vida de él se transformaban siempre en reproches:
-Estas raro Juan, vos tenés algún bicho raro en la cabeza
-Pero Ana, dejate de joder ¡!
-No ves?  Lo que pasa es que no me querés más- decía, como un reclamo, como un anhelo y ambos se confundían más.
-Ya no cuidas la casa, Cuanto hace que te pedí que pintaras la puerta de casa- Y el reclamo de Ana  mezclaba lo prosaico con lo más profundo de su sentimiento.
Entonces el cerraba sus oídos y a partir de allí Ana era como una actriz de televisión que está actuando en nuestro televisor al que le hemos quitado el volumen de voz.
Andaba con ganas de llorar y no se lo permitió.
Tenía cincuenta y ocho años y sentía esas dudas masculinas que se producen con la perdida de la energía, la virilidad y del atractivo hacia las mujeres.

-Che, estas achacado – le dijo Benítez, al verlo renquear
El que no contestaba ahora era Domínguez mientras seguían caminando hacia la zona donde estaban las piletas que utilizaban para higienizarse.
Al llegar allí dejaron las herramientas y comenzaron a lavarse en silencio
Benítez se mojo la cara y el pelo y comenzó a peinarse cuando Ratto se acerco a la pileta
Observo como el otro sacaba de una sucia bolsa de plástico un pan de jabón, igualmente sucio. Ratto le respondió con una sonrisa cómplice, haciéndose cargo de la suciedad de los elementos de aseo. Esos objetos eran la representación del aspecto general de Ratto: la imagen del desaliño. Luego dirigiéndose a Domínguez inquirio:
-Visto lo de Luisito Fratti. Estos hijos de puta no perdonan una eh ?. El pibe lo único que hizo fue hablar en los vestuarios.
Lanzo un suspiro y luego dijo:
-No dijo nada raro y o echaron- Luego poniéndose la alianza concluyo:
-Aquí nunca va a  pasar nada. Los de la Comisión se lavaron las manos como siempre.
-Y vos no te lavaste las manos?- le pregunto Benítez.
Ratto se miro sus manos, y luego riendo dijo:
-Si, me las lave ahora para comer

Walt Whitman- Canto a mi mismo- Verso I

Estos versos del maravilloso Walt Whitman han sido traducidos por León Felipe, el poeta republicano español
Esta es la traducción del verso 1:"...comienzo a cantar hoy y no terminare hasta que muera..."

. Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de
ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.
Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de par  en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada.

martes, 8 de marzo de 2011

Cuando este hombre ama a esa Mujer

Cuando este hombre ama a esa Mujer

 Cuando la conoció, ella tenía veintiún años y el veinticinco
Ambos estaban casados y se conocieron en una oficina, como compañeros de trabajo.

Ahora, después de más de veinticinco años juntos-después de haber compartid  la cama, los cuerpos, los anhelos, los hijos y la casa -se había separado.

 El no podía olvidarla, aun cuando buscase sus ojos almendra en los de otras mujeres o ese gesto de ternura eterna que con los años se habia ido disipando
 Pero ella sí. Ella había decidido que lo que le quedaba de vida lo iba a hacer sin el
 Y él lo sabía.
Hubo años en que- pese a tratarse todos los días – se ignoraron. Se ignoraron en lo que luego los iba a unir: El amor
 En esos años el quemaba parte de su tiempo con otras mujeres y corría una carrera sin saber para y por qué.
 Lo que estaba edificando esos días, no sería la mejor parte de su futuro, pero sería la arcilla para construirlo
De todos modos su vida venia cargada. Pero varias de esas cosas ella las tomaría como beneficio de inventario y quizás fueron parte de lo que la atrajo de él.

El había tenido dos hijas de su primer matrimonio y un hijo con una compañera de trabajo
Y ella lo sabía. Lo sabía todo.
Sabia del hijo con la compañera de trabajo porque era amiga de esa mujer y compañera de oficina de él y porque el destino queria que sus vidas se imbricasen , se montasen como las capas de rocas cuando la tierra cruje,

Ella, su Paloma, sabía todo eso, lo que a él lo angustiaba y le quitaba el aire

Sabía que el amaba a sus hijas y que temía perderlas, como si perder los hijos fuese lo mismo que perder una billetera o una demanda en los tribunales

Ella sabía lo que sentía dentro. O al menos lo percibía, porque su instinto de hembra la hacía reparar en eso. En como conquistarlo.

Ella era una buena mujer y una linda mina, que ya tenía veintisiete años, que se había casado, separado, tenido otros novios y estaba sola
 Irresistiblemente sola como para que el, ese cazador de hembras la dejase pasar.
Y un día se dio.
Se dio eso que estaba flotando en el aire
Y empezaron a andar juntos, en una  tormenta de deseo, de sexo, de compañías y de anhelos de dos almas para poder encontrar su amor.
Dentro de tanta pasión desbordada el amor latía y empezó a parir
 Ella quedo embarazada del primer hijo que tuvieron en un verano del 86, un verano de pasión, de búsquedas y de fascinación de estar uno con el otro. De mirar sus cuerpos en el espejo mientras hacían el amor o más directamente sexo.
 EL tuvo dudas en ese momento, pero ella estaba convencida y siguió con el embarazo.
El estaba entendiendo su separación y como encarar el tema de su nueva pareja con sus hijas pequeñas.
 Pero la vida produce esos saltos cuánticos en los que sin continuidad los espacios y la materia entran en otro estado.
Cuanto agradeció el -años después-esa decisión sabia y valiente.
Aun  pasados más de veinticinco años, él la miraba dormir y un volcán le salía de adentro. Tantas veces deseo a esa mujer y tantas veces la amo.
El cuerpo tibio, la piel suave.
Amaba besarla detrás de la oreja cuando ella se acomodaba en la cama de espaldas hacia él y dejaba salir su hombro desnudo por sobre las sabanas
! Cuanto significaba ese momento!
Era la revancha de los años de soledad, de mujer en mujer
Era la revancha de quien cree que puede seguir amando y lo logra.
Ese cuerpo tibio…-pensaba. Y se decía: - Dios, no hay nada más bello en tu universo ¡!
Ella sintió con el paso de los años que la historia de él producía fantasmas recurrentes y lo que era peor, realidades fantasmales
 Al principio fue la distancia de sus hijas, siempre en paralelo con esa fiereza que el ponía para con su profesión.
Como si quisiese conseguir un reconocimiento tan grande de su tarea que solo las palabras nunca dichas podrían describirlo
 Y ella entendía esa pasión, pero era dolorosa, porque le quitaba la sonrisa a ese hombre que ella amaba.
Le quitaba energía para que quisiese compartir con ella resolver palabras cruzadas como hacían al principio de la relación, en una camaradería que siempre terminaba con los dos desnudos devorándose.
 Luego fue el empeño porque la empresa en la que trabajaba saliese a flote y ella sin tiempo con él y sola. Tan terriblemente sola en esa casa en construcción, en calles de tierra y lejos de todo lo que ella amaba.
Entonces ella pensó que pese a tener tres hijos pequeños no podía quedarse allí.
Y se marcho, a su ciudad, a su barrio e intento comenzar de vuelta.
Su alma de Paloma empezó a batir alas con fuerza por primera vez.
Pero él no podía estar sin ella y sin sus hijos
Entonces abandono lo poco que quedaba en esa ciudad del sur y volvió a Buenos Aires.
Para estar con ella
Para empezar otra vez.
Con miedos enormes ya que tenía 43 años y lo más rico de su profesión lo había desarrollado a miles de kilómetros de Buenos Aires. Y salvo que esos miles hubiesen sido en Europa o EEUU, cosa que no fue, la larga distancia significaba ausencia de contactos para emplearse nuevamente
Pero allí el mostro de que madera estaba hecho. Como cuando decidió dejar la profesión para la que había dedicado casi ocho años de estudio universitario y se dedico con pasión a programar computadoras y a enseñar a programarlas.
Se rehízo, en la gran ciudad . A  los 43 se rehízo. como quien se reinventa para que su cuerpo quepa en el traje que le ofrecen.
Y empezó a sentir orgullo de eso.
Pero nuevamente el pasado traía sus mensajes con el hijo que había tenido estando casado todavía con su primera mujer.
Y nuevamente los fantasmas, los silencios, los dolores…y ella allí, sin saber cómo derramar su miel sobre su héroe, como dar una caricia a ese hombre que parecía necesitado de tormentos.
En el medio intentaron construir de nuevo algo, juntos.
Compraron su primer auto, su segunda casa, aunque esta a diferencia de la anterior pudieron pagarla
Ella dejo de trabajar y comenzó a quedarse en la casa para dar ese sabor de hogar a una familia, Ese sabor que da la mama en la casa.
Y crecieron los hijos al cuidado de esa madre y bajo la mirada del padre…
 Un día el pasado volvió a llamar a la puerta. O mejor dicho el se encargo que el pasado volviese a llamar a la puerta.
Un profiláctico en el auto, una noche de juerga con compañeros de trabajo y el enorme dolor de ella.
La confirmación de su constante falta de confianza. Es que cuando se es mujeriego, es imposible cambiar- pensó.
Él le hizo un relato que ella intento creer.
Ambos hicieron terapia y volvieron a intentar.
A buscarse en las noches.
A esperar la noche del Sábado para encontrarse.
A tomar salidas juntos, de unos pocos días en los que la intimidad se fortalecía
La vida siguió no sin tropiezos y la búsqueda de trabajo lo llevo a él a intentar en Brasil
Lo hizo igual que siempre. Con fiereza, entregándose de cuerpo y alma a que eso fuese para adelante,
Y ella volvió a sentir soledad. Volvió a sentir abandono como cuando el viajo al sur hacia ya catorce años.
Y de vuelta la sensación del abandono. De vuelta los fantasmas de otras mujeres que podían estar con el
El lo presentía y sabia que su vida de fidelidad en Brasil solo iba a servir para que no existiese un hecho concreto. Pero la confianza se basa en aspectos más sutiles, más intrincados y la confianza no existía por parte de ella.
 Solo años después y ya separado pudo percibir ese mecanismo de sutileza que lleva a la confianza del otro.
Tres años duro esa campaña en Brasil y finalmente pudo acordar con el dueño de su empresa de cerrar ese negocio que lo tenía como referente exclusivo y central
Y eso le permitía estar en buenos Aires todos los días, cenar  en su casa todos los días, dormir en la cama con su mujer todos los días.
Pero ya nada sería igual
Pese a un último gran intento en unas maravillosas vacaciones juntos, en Pinamar,ella vivió ese año con una tensión y una angustia que a él lo confundía y atormentaba.
Un día se sentía atragantada y sentía que no podía respirar
El la tranquilizo, le pidió que se quedase tranquila, que no forzase la respiración
Y ella volvió a respirar.
..y estaba atragantada. La hija mayor de él que vivía en EEUU se iba a casar y no había partido la invitación para ella.
 Para ella que había conocido a su hija mayor desde que tenía siete años y la había recibido en su casa en los primeros tiempos de su relación con él.
 Él lo había hablado con su hija, pero la hija dio la excusa recurrente. Que su madre no había superado “aquello”. Una separación de veinte años ¡!!
Dios, pensaba él, quiero salir de este círculo, de este encierro de posiciones donde nada avanza sino que como la noria, vuelve su pesada carga al punto de partida.
Y el viajo a EEUU a la boda de su hija y ella quedo acá. Sintiéndose sola. Sintiendo el abandono como la sombre compañera, como el zumo ultimo de la relación.
Y ella comenzó a agitar sus alas de Paloma.
A agitar sus alas blancas para que los pinceles pintasen los cuadros más bellos, los colores reflejasen los estados de su alma y el lienzo supiese del talento de esa mujer
La Paloma comenzó a escribir poemas bellos y cuentos intensos y a atraer la mirada de otros escritores y otros artistas que ayudaron a que ella confiase en sí.
Y entonces ella vio que la vida latia en otros sentidos, que vibraba en cuerdas que sus manos no habían imaginado y se dio cuenta que ya no podía estar con el

Entonces comenzó su vuelo, pero lo detuvo, muchas veces para ayudar a que el entendiese
Su noble alma de Paloma no quería herirlo y sentía por el amor.
Solo que ya no era mujer de un hombre
Era ella misma,
Y cuando vio que comenzó a entender, cuando vio que ya no quedaba rencor, sino el recuerdo dulce del vino compartido batió las alas.
Esas alas bellas que parecían un pañuelo del alma y en forma de corazón lo saludo
Y el la vio partir y en su corazón se mezclo la pérdida del amor que no se tendrá y el orgullo de entender que el amor no se refleja en la posesión sino en la felicidad de aquel que se ama.

-Adios Paloma, se dijo y camino solo por la calle mientras la luz de la luna le marcaba el rumbo.