OTRO QUE ESCRIBE

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viernes, 29 de abril de 2011

Avellaneda Blues- Benítez II- La Historia de los hombres

  
Avellaneda Blues- Benítez II- La Historia de los hombres
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 -Oye Leopoldo! Que no vuelvas tarde, ¿me entiendes?
 -Si abuela-La besó y luego se ajustó bien la corbata y salió a la calle.
En esa época, la noche del sábado indicaba la llegada del único momento de la semana en la que podía conquistar una chica.
 En esa época trabajaba como ayudante en una despensa, en un horario enorme que abarcaba desde las seis media de la mañana hasta el fin de la tarde.
Y al salir de su trabajo en la despensa se dirigía a un puesto de verduras donde colaboraba como puestero hasta las once de la noche.
Rendido llegaba a su casa donde la abuela lo esperaba con un plato de comida y, esencialmente, sus dos ojos para mirarlo profundamente y sus dos orejas para escucharlo.
¿Qué cuerpo de hombre no soporta una jornada agotadora, si luego de eso se tiene el cariño y la admiración de una mujer, aun cuando ella sea la abuela?
Esa sensación fue la que llevo a Leopoldo a buscar con ahínco una mujer para amar y para ser amado.
Rita había llegado a su vida para eso.

La había conocido en un baile de carnaval en la Sociedad Polonesa de Dock Sud.
Rita estaba en sentada en una mesa junto a unas amigas y su madre, una de esas infaltables madres que acompañaban a sus hijas en los bailes de carnaval.
Y él la había observado toda la noche anterior, y ese domingo que el baile terminaba más temprano sabía que debía hacer algo.
Pensó en encontrar  algún amigo que indirectamente los presentase, pero no encontró quién pudiera hacerlo de modo que se acercó a la mesa
-Hola señora,¿ sabe que me gustaría conocer a su hija? ¡Porque si tiene sus genes entonces será hermosa siempre ¡
La madre de Rita lo miró y sonrió. Le gusto el piropo. Le sorprendió la palabra “genes”.
 No era común que un joven se expresase así. Y a ella- a los cuarenta y cinco años- un piropo no le desagradaba.
-Por qué no? – se dijo y miró a su hija.
Entonces Rita se levanto y se acercó a Leopoldo para que la acompañe a la pista de baile.
Y allí Leopoldo se maravillo que pudiesen bailar con tanta sintonía el rock y el tango.
Una sintonía de los cuerpos que luego fue una sintonía de amor.

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  -¡Leopoldo!
-¡Ya llego Rulo, esperá!.  ¡Aguantá hermano, que ya llego ¡-gritó
Sintió que con el grito se quedaba sin aire. Se detuvo un instante, tomó aire y calculó el riesgo. Pero volvió a ver el brazo de Rulo agitándose y entonces arremetió hacia él.
Siguió braceando con fuerza con los ojos puestos en el lugar donde la cabeza de Rulo aparecía y desaparecía.
-Ya llego, ya llego.
-¡Leo, mierda que me ahogo!
-¡Ya está Rulito! ¡Pará boludo, no me tirés. ! Pará carajo ¡
Pero Rulo estaba ahogándose, y el  único reflejo era tomar a Leopoldo de los hombros. En cada vuelta, Rulo no hacía más que arrastrar a Leopoldo hacia abajo. Entonces Leopoldo reaccionó como su sangre le indicaba.
Golpeó a Rulo con fuerza, lo dejó hundir y lo tomó de los pelos.
Lo tomó con su brazo por el cuello y nadando como las ranas fue acercándolo hasta la orilla.
Cuando faltaba un tramo corto para llegar a la costa, se tiró al agua el “Gallego” Ortega y entre los dos pusieron a Rulo en la playa.
El “Gallego” hizo presión sobre el cuerpo de Rulo hasta que este escupió agua y comenzó a respirar. Luego lloró. Como un chico, que ha visto un monstruo que estaba en su imaginación y la madre prende la luz.
Entonces se llora la angustia del miedo que se fue.
Leopoldo respiraba agitado y miraba la escena de Rulo y el “Gallego”.
Esa escena lo acompaño durante muchos años y le quedó siempre como la imagen de la amistad.
Leopoldo, que no se veía en esa imagen fue para Rulo, el “Gallego” y todos los que conocieron la historia el símbolo de la amistad y el valor.
Tomó aire con su pecho de veinte años y miró la costa de Quilmes y recordó los consejos de su abuela sobre esas aguas traicioneras como una víbora. Aguas de río que tragan aun cuando no se vean olas en la superficie.
Después se acercó a Rulo y le pasó la mano por la cabeza. El “Gallego” le tendió una mano a cada uno y los ayudó a incorporarse.
Después comenzaron a caminar y en un momento se abrazaron y así caminaron, unidos, en ese sentimiento de unidad de hombres que han pasado penurias y aventuras juntos.
Ese maravilloso sentimiento de unidad y de amistad.
¿Lo sentirías luego Leopoldo?
¿Recordarías en tu cuerpo esa sensación que solo los hermanos de la vida producen?
¿O solo sentirías el frío de la soledad?
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 Frío como en las cámaras del frigorífico donde el temblor que se siente en el cuerpo por la baja temperatura se suma al frío que produce el miedo. Un miedo extraño de pensar que uno de esos hombres que trabajaban con él  podía clavarle un cuchillo como a una vaca.
Un carneador pierde noción sobre lo que es la carne y no diferencia entre la de vaca o la de hombre-le decía Arrostiaga, el hombre que lo había hecho entrar al frigorífico
Al principio Leopoldo lo tomó como una exageración, como una de esas leyendas urbanas que se transmiten dentro de un oficio, pero luego- ya en el frigorífico- sintió que eso podía ser así.
A veces pensaba que era así.
Pero por suerte estaba al lado de Juan Rugilo. El mejor operario de mantenimiento de las cámaras frigoríficas
-¡Ese si es un hombre cojudo ¡ -le decía Leopoldo a su abuela cuando la iba a visitar al hospital donde estaba internada.
-Dale pibe alcanzame la llave -le decía Juan sin aclararle la medida de la misma para saber si Leopoldo le alcanzaba la adecuada para la tarea.
-Tome Juan- decía al rato mientras le ponía en la mano la llave que el hombre necesitaba.
-Aprendes rápido Potrillo!  -le decía Rugilo adoptando un tono paternalista en la voz.
-Aquí en el frigorífico el que no aprende rápido se jode! – y reía, y Leopoldo admiraba a ese hombre que parecía no tener temores en la vida.
-Dame la ginebrita- Juan Rugilo sacaba el frío con alcohol, lo había aprendido en las cámaras frigoríficas de los barcos con marineros rusos y polacos.
Pero Rugilo sabía limitar el uso provechoso del alcohol. Solo lo tomaba un trago para quitarse el frío que la cámara producía en su cuerpo.
-¿Necesitás pibe?- y Leopoldo negaba con la cabeza
-Este es un trabajo para hombres!. Aprendé el oficio de mecánico de mantenimiento y después te la podés rebuscar en otro lado.
-Porque este es un trabajo para hombres, si, pero…hombres de mierda ¡!-y reía, reía y contagiaba a Leopoldo que entonces ya no sentía frío.

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Aprender, aprender siempre hay que aprender Leopoldo Benítez. Aprender lo que le enseñaba esa señora de pelo negro nacida en Andalucía a la que al amaba .Aprender a vivir sin padres que le festejen a uno los cumpleaños.
¿Quién dice que la vida es fácil Leopoldo?. ¿Pero quién dice que no merece ser vivida? Cada día, cada hora…
La escuela hasta los doce años, el trabajo en el almacén, en la verdulería. Luego las pequeños talleres en Avellaneda, y ahora el frigorífico Nacional en Mataderos.

-Benítez
-Benítez
-Benítez- los votos se sumaban hasta hacerlo delegado.
Después la comisión interna, el sindicato y luego la Huelga. Si con mayúsculas. La huelga en el Frigorífico Nacional hasta el final.
Frondizi traidor. El plan Conintes, la cárcel por unos días y luego la calle. El despido.
A empezar de nuevo Leopoldo. ¿Pero, un pequeño golpe no derriba a un campeón verdad?
Para que estaban además Rita y la abuela.
¿Saben ellos acaso que si un hombre es amado, es invencible?

lunes, 25 de abril de 2011

Retrato de mujer- Del chileno Rojas y una reflexion del otroqueescribe

Una foto tan maravillosa que relata el cuerpo de una mujer a la que no vemos el rostro, pero si su cuerpo
No se enojen amigas feministas por admirar la belleza de un cuerpo desnudo, las curvas que encierran nuestros sueños. No piensen por un instante damas que no admiramos su coraje, su capacidad para parir y dar vida, su eterna sabiduría para hablar de sentimientos
Ni sueñen que olvidamos sus platos sabrosos, sus llantos despechados o la enjundia con la que abrazan su arte. sus pinturas o sus poesias.

Dejennos un instante, maravilloso, mirarlas desnudas y gozar, infantilmente, creyendo que Dios las hizo para nuestro deleite.



Retrato de mujer

Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
con la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte; por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice  el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que nunca me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz de arcángel y una boca de animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela en tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas como inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí mujer, te dejo tu figura.

Gonzalo Rojas

domingo, 24 de abril de 2011

Dylan Thomas-AND DEATH SHALL HAVE NO DOMINION

AND DEATH SHALL HAVE NO DOMINION (Y LA MUERTE NO TENDRÁ SEÑORÍO)

And death shall have no dominion.
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.
Y la muerte no tendrá señorío.
Desnudos los muertos se habrán confundido
con el hombre del viento y la luna poniente;
cuando sus huesos estén roídos y sean polvo los limpios,
tendrán estrellas a sus codos y a sus pies;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
y la muerte no tendrá señorío.
And death shall have no dominion.
Under the windings of the sea
They lying long shall not die windily;
Twisting on racks when sinews give way,
Strapped to a wheel, yet they shall not break;
Faith in their hands shall snap in two,
And the unicorn evils run them through;
Split all ends up they shan't crack;
And death shall have no dominion.
Y la muerte no tendrá señorío.
Bajo las ondulaciones del mar
los que yacen tendidos no moriran aterrados;
retorciéndose en el potro cuando los nervios ceden,
amarrados a una rueda, aún no se romperán;
la fe en sus manos se partirá en dos,
y los penetrarán los daños unicornes;
rotos todos los cabos ya no crujirán más;
y la muerte no tendrá señorío.
And death shall have no dominion.
No more may gulls cry at their ears
Or waves break loud on the seashores;
Where blew a flower may a flower no more
Lift its head to the blows of the rain;
Though they be mad and dead as nails,
Heads of the characters hammer through daisies;
Break in the sun till the sun breaks down,
And death shall have no dominion.
Y la muerte no tendrá señorío.
Aunque las gaviotas no griten más en su oído
ni las olas estallen ruidosas en las costas;
aunque no broten flores donde antes brotaron ni levanten
ya más la cabeza al golpe de la lluvia;
aunque estén locos y muertos como clavos,
las cabezas de los cadaveres martillearan margaritas;
estallarán al sol hasta que el sol estalle,
y la muerte no tendrá señorío.

Dylan Thomas-DO NOT GO GENTLE INTO THAT GOOD NIGHT

Esta maravillosa poesia de Dylan Thomas que se puede escuchar relatad0a por el mismo Dylan, en http://plexipages.com/reflections/index.html
Thomas murio en 1953 en New York, el mismo año en que yo nacia. Pero el tonto destino no quiso que yo viniese minimamente a reemplazarlo en su sensibilidad y sus sonoros y ritmicos poemas.
Entrar docilmte a la buena noche lo entiendo como entregarse a los brazos de la muerte
Quizas hay otras interpretaciones de estas hermosas y crípticas imágenes que pone Dylan en sus poemas
Disfrutémoslo entonces en esta bella traduccion

DO NOT GO GENTLE INTO THAT GOOD NIGHT (NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA BUENA NOCHE)
Do not go gentle into that good night
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.
No entres dócilmente en esa buena noche,
Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.
Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.
Aunque los sabios entienden al final que la oscuridad es lo correcto,
Como a su verbo ningún rayo ha confiado vigor,
No entran dócilmente en esa buena noche.
Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.
Llorando los hombres buenos, al llegar la última ola
Por el brillo con que sus frágiles obras pudieron haber danzado en una verde bahía,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.
Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.
Y los locos, que al sol cogieron al vuelo en sus cantares,
Y advierten, demasiado tarde, la ofensa que le hacían,
No entran dócilmente en esa buena noche.
Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.
Y los hombres graves, que cerca de la muerte con la vista que se apaga
Ven que esos ojos ciegos pudieron brillar como meteoros y ser alegres,
Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.
And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.
Y tú, padre mio, allá en tu cima triste,
Maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócilmente en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.


sábado, 23 de abril de 2011

William Butler Yeats-Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos...

Este poema del irlandés Butler Yeats, poeta cumbre del Eire relata el adios de una mujer y un hombre que se han amado con pasión.

"...La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones..."


Las palabras de este poeta nos golpean porque hablan de los dolores , de las pasiones, de los anhelos...
Las palabras se enhebran para conmovernos, para lastimarnos y para hacernos pensar sobre todo lo que sigue vivo en algo que se piensa que murio.

"...ante nosotros yace la eternidad..."

Disfrutenlo


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Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos...

«Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
porque nuestro amor declina».
Y responde ella:
«Aunque nuestro amor se desvanezca,
permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
juntos en este momento especial
en el que la pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
y qué lejano nuestro primer beso,
y qué viejo parece mi corazón!».
Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
«La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones».
Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño;  y ahora ambos se detienen
a la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
sobre su pecho y su pelo.
«No te lamentes», dijo él, «que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable,
ante nosotros yace la eternidad,
nuestras almas son amor y un continuo adiós».

Es todo, todo tan fugaz...

Tuve oportunidad de conocer de cerca un hombre que estaba a punto de morir.

Entiendo que él no lo sabía ya que finalmente murió por esa enfermedad que ataca a quienes cerraron su alma como un carozo, por negarse a dejar entrar lo que la vida propone cada día.
Esa enfermedad es la soledad.

Porque su soledad no se medía en términos normales de falta de compañía. A él le faltaba la gente que había conocido. Sentía en el cuerpo la ausencia de construcciones y lugares que habían llenado sus ojos, incitado su espíritu y excitado sus sentidos.
Le pesaba la transformación de su barrio y las costumbres de sus habitantes.
De un modo terrible para él, la vida le informaba que nada era igual.
Durante muchos años hubo una mujer a la que amó y con quien tuvo una hija. Pero él -y su madre- decidieron que debía casarse con otra joven.
A quien jamás amó y así vivió partido, en dos mitades que juntas, jamas eran una.
Durante los últimos días de su vida creyó encontrar la luz al acercarse a esa mujer que amó ,llamada Nélida, y con quien tuvo una hija.
Una hija a la que no le dio su apellido, con la que tuvo una relacion tortuosa, a la que jamás pudo integrar a su vida, como seguramente lo había deseado.
En esos días lo conocí mejor. Ví como su hija y Nélida trataban de complacerlo.
Hubo un almuerzo en el que participé y quedará siempre en mi memoria donde el dijo entre lágrimas que hubiese deseado que todo fuese diferente.
Cada uno entendio esa frase desde su propia optica, ya que especular sobre como podría haber sido el pasado, si no hubiese sido como fué, es un juego de espejos peligroso para el alma.
Pero todo fue fugaz("...Es todo, todo tan fugaz, que es una curda -nada más-mi confesión..."), los años no habían pasado sin dejar huellas y esa remanida frase de que el tiempo todo lo cura, fue puesta a prueba nuevamente.
Hay cosas que el tiempo agrava.
Él pagó por su egoísmo.
Ellas por su antiguo dolor sin cicatrizar.
Solía sentarse y charlar conmigo.Buscaba un amigo (más de una vez me dijo que me consideraba su amigo), alguien que le dira hilo para remontar su barrilete("...No se si fué, falta de fé...o acaso fué, que me faltó piolín..."),
Sus ojos estaban permanentemente mojados. En parte porque los ojos de los viejos siempre parecen mojados y en parte porque el se encargaba de mojarlos llorando cuando tenía ganas.
Reímos juntos la primera vez que me contó sus aventuras con mujeres.
Alardeaba sobre lo bien que él se vestía, enseñado por su madre que quería que su único hijo fuese un galán irresistible.
Presumía sobre lo bien que bailaba el tango, como cerrando el estereotipo que se había conformado de sí mismo.
Pero ese tiempo, ese tiempo tirano, hacía que el repitiese sus historias, como si su vida fuese un film en blanco y negro que se pasa en continuado en una sala de barrio.
Y entonces cualquier historia pierde magia porque se anula lo que nos cautiva: la sorpresa.
Pienso, ahora, que quizás no me contaba lo mismo, aunque yo creyese escuchar la misma historia.
Usaba ,sí, las mismas palabras, la misma música, pero el tema de la canción era la vida. Quería contarme su vida, pero solo encontraba retazos de ella.
Cuando murió , Nélida y su hija no fueron avisadas por los hijos de su otro matrimonio.
No fueron al velorio, nadie les avisó que habpia muerto y asi se cerro la historia que, como muchas historias cerradas, aun sigue abierta en los que están vivos.
Cuando me enteré, solo derramé dos lágrimas.
Y ahora esto, casi treinta años después, como "In memorian".
Bastante poco para una vida que se fué.

Fama

Estoy esperando un día.
Un día de veinticuatro horas justas, que exista en el calendario y se publique en los almanaques que los comerciantes nos regalan en Noviembre para publicitar sus tiendas.
Podrá ser con sol o lluvia. He llegado a la conclusion de que eso es indiferente.
Ese día alguien me dirá en tono sincero y solemne:
-Usted ha triunfado, y nos alegramos sobremanera ya que eso es lo que usted pretendía.
-Pretendía conquistarnos con su sonrisa medida, mostrando sus dientes blancos y cautivarnos- como lo ha hecho con tantas damas- con su mirada soñadora, de ojos celestes.
-Quería asombrarnos con su ironía, deseaba que lo amásemos por como ama a sus hijos , alumbrarnos con su inteligencia y asolarnos con su virilidad.
-Pues bien amigo: Lo ha conseguido.
Ese día miles de personas me aplaudirán con los ojos llorosos y el corazón alegre.
Seré otro héroe argentino.
Sé que solo sonreiré y buscaré los ojos de mis hijos, los de mi madre, y alguno mas que necesite mirar en ese momento.
Sé que aceptaré las palmadas ,desde las alturas, que algunos hombres justos tenían reservadas para mí.
Tendré ,entonces, veinticuatro  horas de gozo.
Después volveré a ser tan hijo de puta como siempre.

KEEP WALKING

Algunas veces, dentro mio, escucho extrañas voces gritando.Otras veces esas voces cantan hermosas canciones.
Las he escuchado rechinar los dientes, tiritando, en el frío que a veces recorre mi cuerpo.-
Se que hay épocas en que ríen, mas no porque mi alma goce.Se ríen de mí.
!Feo muñeco!-aprende a reirte de tí.
-No te escondas en tu dolor como si fuese lo mas grande, los mas sublime.!, me dicen
-Disfrazate de espantapájaros y salí a la calle.Animate a mostrarte!-Las aparto, no tiene sentido les digo.
-¡Vamos¡.Ríe con nosotras, me invitan. Y a veces río. Y mi risa me contagia.
Y entonces mis hijos, mis nietos,las mujeres que he amado pasan frente a mi y me señalan:
-!Allá! !adelante!-indicándome hacia donde debo mirar, hacia donde debo enfocar los esfuerzos.
-Alla, allá es donde te necesitamos !-dicen mientras desaparecen quizas porque son un sueño, quizas porque ya dijeron suficiente.

Y entonces las voces callan...
Dejan de opinar sobre mí. Dejan de darme ideas y consejos.
 Y eso pasa solo cuando camino.
Camino, erguido, indefectiblemente , hacia adelante.


lunes, 18 de abril de 2011

Avellaneda Blues- Benítez I- La Historia de los hombres

 
Avellaneda Blues- Benítez I- La Historia de los hombres
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 -¿Ves mi niño como los sapillos saltan?
Miró con delectación los movimientos de los sapos en el agua,
-Abuela
-Sí querido…
-¿Cómo comen los sapos si no tienen dientes?
-Ja.ja,ja. Míralo que rico Luz. ¡Que apenas tiene cuatro y cómo piensa!-Luego mirando a “su” niño le dijo:-Mi amoroso, ellos comen unos bichitos y con su sola lengua les mastican. ¿Entiendes?
La tía Luz acaricio su cabeza. El la miro con afecto. Prefería que la tía Luz lo acariciase y no que le diese besos, porque era molesta y, además, tenía bigotes.
-Anda niño. Ale!. Es hora de irse.
Tomo la mano de su abuela y la de su tía Luz y los tres fueron caminando por el borde del arroyo.
Recordaría luego, con el paso de los años,  los sauces y las pequeñas chacras que se veían a los costados del camino. Y ese trayecto donde su abuela le contaba historias fantásticas y su tía Luz reía de las ocurrencias de su madre y de las respuestas de Leopoldo.
Porque él tenía un nombre importante: Leopoldo León Benítez. Como que sería un hombre importante en el sueño proyectado de su abuela y su padre.La madre de Leopoldo, Ester, no tenía demasiado peso en esa sociedad familiar, a la hora de criar al niño.
Pero luego no tuvo ninguna. Porque murió junto con José Felipe, el padre de Leopoldo en el accidente de trenes de la estación Avellaneda de 1929.Leopoldo tenía entonces algo más de un año y fue entonces que su crianza quedo en manos de su abuela y su tía Luz.
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Esta bomba se traba porque esta desalineada-pensaba Benítez
A veces tenía una intuición notable para descubrir el origen de un problema en una bomba, en un motor, en un compresor.
-Seguro que en la parada de planta anterior ninguno reviso la alineación del eje- le comento a Dominguez.  
 Se molesto por esa situación. Le parecía que era una falta de calidad profesional de parte de un compañero suyo.
 Era tan exigente consigo mismo como con otros a los que consideraba pares.
Pensó en su abuela. Y por un instante en su madre. Esa mujer que él no conoció y a la que su abuela y su tía pocas veces mencionaron.
 Peralta había hablado durante el almuerzo de su madre. La mujer iba a cumplir cincuenta años en pocos días y le iban a hacer un festejo especial.
Benítez no quería pensar demasiado por qué la vida le había quitado la posibilidad de tener a su madre, al menos unos años.
Pero no podía dejar de pensar en Rita. Su amor. Rita murió cuando tenía veinticinco años y Leopoldo tenía treinta.
 Cuando ella murió, Leopoldo sintió que cualquier mujer que él amase, la vida se encargaría de quitársela como había hecho con su abuela, el año anterior.Entonces decidió que viviría así.
Solo.
Llevaría su masculinidad a amar mujeres sin engañarlas pero sin comprometerse. Seguiría bailando el tango, como lo había hecho con Rita, pero no se enamoraría de otra mujer.
Al bailar el tango, movería los pasos sobre su cadera, su mano guiaría firme a una dama para que ella se luciese, pero no sentiría el calor en el pecho que se produce cuando una pareja en el tango  encuentra la unión.
Pensar en no amar cuando se está en los treinta fue una decisión extrema. Inmensa vista hacia el futuro. Pero el Zorro, consideraba esa decisión como la más sana. Ya hubo suficientes mujeres para amar. Y Dios, a quien el Zorro no pensaba conocer, había decidido que esas mujeres que eran las que habían parido, criado, mimado y entendido a Leopoldo, no debían seguir a su lado.
Y si ese Dios había decidido que estuviesen al lado de Él, del Creador, entonces el Zorro no tenía armas para esa pelea.
-Pasame la barreta Luis. –dijo a Domínguez.
-Estas en una pelea desigual Zorro-dijo Domínguez, en un doble sentido, al ver la fuerza que hacía para quitar las tuercas de la brida que unía la bomba con la cañería de succión y en la charla que habian tenido el dia anterior donde el se molestó con Benítez por esa postura sin compromiso con el despido de Fratti. 
Una pelea desigual. Eso es lo que Dios le había planteado.Y si Dios quería esas mujeres para sí, ¿para que las había puesto en su vida?
Podía entender lo de su madre. Sin ella él no hubiese nacido.
Podía entender la muerte de su abuela, al fin de cuentas era el paso del tiempo.
¿Pero,por que a Rita?
¿Y por qué a Rita y al año anterior a su abuela?
Se calzó sobre la barreta e hizo fuerza, Domínguez se acercó y él espero sentir el apoyo de su compañero.
Al fin la primera tuerca cedió y luego lo fueron haciendo las restantes.
-Bueno desigual a o no, al final se rindieron-dijo Benítez con satisfacción.
-Yo me refería a la pelea de nosotros con la Petroleum-dijo Domínguez, y continuó:
-Igual si te referís a esta que tenias con las tuercas, creo que tuviste ayuda .Y con ayuda no es una pelea desigual.
-Tenés razón Luis.-Le dijo mirándolo a los ojos.Y sintió que debía escuchar mas a Domínguez. 
                                                                 ----
-Oye Luz, míralo. Ahí va él. Tiene el “arma” de jefe, como tenía el padre-La admiración de la abuela por el niño, no estaba exenta de rigores. De modos de proceder y por los que Leopoldo debía transitar.
Ser líder. Ser valiente. Tomar iniciativas. Todo eso estaba en el catálogo que la abuela tenía sobre lo que debía ser un hombre importante.
Y todo eso lo iba transmitiendo con la paciencia infinita con que la araña teje su tela y una mujer es capaz de formar a sus críos.
Un tiempo dedicado que un hombre, a la distancia, considera divino y solo tiene una forma de agradecer ese tiempo dedicado: vivir como fue enseñado a vivir en su casa de origen.
Leopoldo corría mientras que con su voz y sus brazos, dirigía a un grupo de niños de su edad. Serían alrededor de una docena.
-Vos allá Tito, andá con el Gallego.
Todos esperaron detrás de los árboles hasta que uno de llos apareció en el medio de la calle y agitado y corriendo gritó:
 -Ahí vienen ¡!
Y ahí venían. Golpeando sus látigos contra el piso y sabiéndose odiados, asumiéndose como lo que eran: los “chanchos”.
 Revoleando sus redes, para colocar en las jaulas a los perros que encontrasen.
Y ahí venían, en el camión de la perrera, dispuestos a llevarse lo que otros habían cuidado. Queriendo mostrar que había una autoridad, que otros desconocían.
Entonces los chicos, hacían su parte. La mitad corría delante del camión y espantaba o cubría a los perros.
La otra mitad tiraba piedras a los “chanchos” molestándolos en su tarea.
Cada tanto el camión se detenía y los cazadores amagaban a bajarse y arremeter contra los chicos. Era entonces cuando ellos se dispersaban como gorriones y donde los planes de Leopoldo comenzaban a funcionar.
-¡Asesinos!-era el grito de guerra.
-Dale Tito, cagale un piedrazo al chancho gordo!
¿Cuántos perros habrían salvado?
Quién sabe. ¿Llevaría la cuenta, ese Dios que se llevaba a las mujeres que el habria de amar?






domingo, 10 de abril de 2011

Mi Sangre

Mi Sangre

Siempre sentí que creías en mí
No sabes cómo pesa eso en el alma. Como acerca calor en los días donde un frio glaciar recorre nuestra espalda.

Sentí que creías en mí. En lo que te decía. En cómo te lo decía
Y siempre sentí que te resguardabas seguro contra mi pecho cuando te abrazaba,

Naciste en Trelew-el pueblo de Luis- un día Martes, en el fantástico-para mí- mes de Febrero.

Seguramente te concebimos con mama cuando ella visito en Junio del año anterior el hotel en el que yo moraba, mientras daba clases en el Sindicato y tomaba mi puesto en el Centro de Cómputos en Rawson.
Amaba a tu madre. Siempre la ame y es bueno que los hijos sepan eso, para que sientan que han nacido del amor. De la pasión entre un hombre y una mujer que son sus padres.

Ese verano, en el mes de Marzo nos vinieron a visitar -a la casa de Trelew- la tía Pilar y el tío Ramón.
Mama  hacia pan con masa de pizza y lo acompañábamos con algo.
Siempre recuerdo ese pan, y a mama dándote la teta. Acariciándote.
Sabés?, sentía miedo.
Parece una locura sentir miedo teniendo un hijo sano y hermoso, habiendo tenido ya a tu hermano también sano y hermoso.
Parece la lúgubre idea de un agorero, sentir miedo estando al lado de la mujer que se ama y peleando por el futuro.
Pero eso me pasaba. Temía fracasar.
Era una sensación dual.
Contradictoria.
Quería ese desafío, lo necesitaba, y a la vez me daba miedo.
Levantarme temprano para ir a Rawson a mi trabajo, a la tarde y al anoche los cursos.
En los pocos ratos en casa, tratar de hacer programas para vender, preparar las clases.
Tantas cosas, tantos proyectos…
Y ahí estabas vos, mostrándome que la sangre se reproducía, en esa cara de mirada dulce, de eterna inocencia.
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Miro ahora, a la distancia todo aquello y siento orgullo. La piel de gallina de recordar mis preguntas íntimas:- ¿Como hare para mantener esta familia?
Parece que tenía las armas, las herramientas y la compañera como para hacerlo.
Ahora que te veo a vos lanzarte en la búsqueda de tu personalidad y de tu lugar en el mundo.
Que te veo abrazar ideales como yo lo hacía a tu edad y entonces la vida deja de tener el efecto de la foto de una noria y se transforma en el cuadro virtuoso.
En el “dar para recibir”

Hay veces que siento que haberte hecho de River o que sientas la política del mismo lado del corazón que la siento yo me muestra que te dedique tiempo
Verte crecer, equivocarte y buscar me muestra que no corte tus alas, Que no fui un padre absorbente.
Sabes, cuando tengas hijos lo vas a sentir. Vas a sentir la necesidad de preguntarte:
¿Lo estoy ayudando a crecer?
 ¿Lo estoy cuidando y acompañando como el necesita?
Y eso me pregunte muchas veces.

 Como cuando te llevaba a vos y a tu hermano Ezequiel a un bar que estaba a la vuelta del departamento.
Lo hacíamos mientras mamá daba clases en el instituto que teníamos en Madryn.
A Belén la cuidaba la Negrita y nosotros tres íbamos al bar.
Pedía un Gancia, gaseosa para ustedes y comíamos tostados.

Y vos y Eze querían que hablemos.

-Decime algo pa,contame-decía Eze queriendo que tengamos una conversación de hombres como otros hombres que estaban en ese bar.

Y vos te subías en mis piernas. Y me abrazabas.
Yo era feliz hijo, inmensamente feliz.

Los domingos ya cuando vivíamos en la casa del barrio Covimar íbamos a caminar a la playa.
Una larga caminata por la playa hasta la casa de los abuelos, para que en esa caminata mirásemos el mar, escuchase sus protestas porque yo no tenía un auto y nos riésemos con tus monerías.

Miro hacia atrás y puedo ver mi vida entera. Como dice la canción. Y vos sos parte de esa vida que fue y parte de la que viene de la que tratare de inventar buscando un sueño-

Te entiendo  cuando te veo sufrir por amor.
Esa necesidad de entrega, de tener una compañera al lado, es una sensación conocida por mí.

La de sufrir por amor también,  pero eso es otra historia.

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Avellaneda Blues- Giameo I- La Historia de los hombres

Avellaneda Blues- Giameo I- La Historia de los hombres
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 Un cielo gris recibió la caravana de autos entrando al cementerio de la Chacharita.
Los árboles el camposanto parecieron a sus ojos, delgados personajes con peinados extraños que observaban la muerte.
Cuando se detuvo la caravana, él se bajó antes que los demás. Tenía los ojos colorados y el rostro demacrado. Sintió frío en el cuerpo y el cansancio que nos produce una noche sin dormir.-
Allá vio bajar a su madre. Sus pelos le parecieron más blancos que nunca. Como si fuese posible encanecerse en el transcurso de dos días.
Porque ahora que lo  pensaba su padre había fallecido hacía dos días.
Los obreros que cavaban la fosa para su padre y realizaban tareas de limpieza hicieron un alto en su trabajo. Algunos con respeto y otros con la indiferencia que produce lo cotidiano, aunque tenga el aspecto de la muerte.
Un hombre bajo, de nariz colorada, que parecía el jefe del servicio fúnebre lo tomo del brazo y lo condujo hasta el coche que llevaba el ataúd.
-Tres caballeros más por favor-pidió el hombre de negro mientras invitaba a los que se acercaron a tomar las manijas del cajón.
Su primo Ángel tomó la manija delantera derecha (¿Qué es adelante o atrás para un muerto?) , él la izquierda y atrás , después de superar a otros dispuestos a la tarea estaban Andrés Rivas el panadero del barrio y el amigo de su padre de toda la vida , don Carmelo D’Annunzio.
Los cuatro caminaron con paso firme hasta llegar a la fosa.
Un agujero en la tierra-esperando- como última morada.
Una modesta cruz de madera, decía:
“Antonio Giameo-1904-1973-R.I.P”.
Rubén hubiese deseado hacerle una lápida de mármol. Ya Carmelo D’Annunzio había manifestado que él había encargado una a su costo y que esperaba el acuerdo de la familia.
Pero Ana, su madre, no quiso eso. Solo la cruz de madera noble, que representaba para ella la simpleza y dignidad de su Antonio. Así lo vivió siempre y pese al desgaste que producen los años en las parejas, ella sintió en el momento de la muerte de su esposo que lo había amado con lo mejor de ella.
Rubén pensó en su padre muerto.
¿Cuántas cosas tiene  un hijo único, y varón para decirle a su padre?
Pocas seguramente, pero lo cruel es que ni esas pocas-esenciales-se dicen.
A la derecha de la tumba que ocuparía don Américo estaba la de otro hombre.
”Lucio Arostegui-19.09.74-Tu hijo que te ama”.
¿Habrá escuchado ese hombre de la boca de su hijo esas palabras que él no le dijo a su padre?
Eso ahora no importaba o importaba poco. Porque bajo la tierra cubierta de piedras de ladrillo y flores, el bueno de Aróstegui estaba convirtiéndose en polvo.
Los cuatro hombres comenzaron a bajar cuidadosamente el cajón, mientras dos obreros dentro de la fosa lo recibían para terminar de depositarlo sobre la tierra.
Al fin el ataúd llego al sitio en el que iba a estar por cinco  años.
Luego las cenizas pasarían a un nicho.
Los parientes y amigos se acercaron y   tomando tierra con sus manos la fueron arrojando sobre el cajón.
Entonces Ana se dio vuelta y tapándose la cara con las manos se puso a llorar. Rubén se le acercó y tomándola del hombro la acompaño hasta el auto. Su tía Lucy se acerco también y acercó la cabeza de su hermana a su hombro.
Lucy era la hermana soltera de Ana, la tía de los regalos, la que preparaba los cumpleaños y llevaba a Rubén al zoológico de la Capital en esos fantásticos domingos de tigres, monos y elefantes.
Rubén las miro a las dos y sintió una enorme ternura por esas mujeres que tantas horas le habían dedicado. Horas inmensurables de madre y tía para alimentar el alma y ayudarnos a crecer.
Ayudo a su madre y a su tía a subir al auto y antes de subirse él, echó una mirada hacia atrás. Vió a los obreros paleando tierra y tapando la fosa y se acercó a ellos para darles propina. Los hombres le agradecieron y le dieron el pésame.
Luego volvió al coche con su madre.
Los familiares y amigos comenzaron a hacer lo mismo.
El cielo seguía tan gris como al principio y los árboles continuaban mirando a los muertos.
Los obreros seguían cavando y limpiando fosas.
Rubén reconoció en el mameluco azul que vestían los hombres, las letras de “MANLIBA”.
Mierda –dijo- los que sacan la basura entierran a los muertos.
Pero nadie lo escucho, quizás porque había comenzado a hablar con su interior-
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Rubén tenía veinte años cuando murió su padre y en esa época él  aun no se había casado con Margarita , pero si ya la consideraba su novia.
Margarita…
Rubén la conoció en un baile en Mi Club, el legendario local bailable en Banfield.
Margarita estaba estudiando abogacía y trabajaba para una inmobiliaria.
Ella era una joven de clase media que se había criado en Avellaneda y, cuando ella comenzó su noviazgo con Rubén, su familia no se mostró conforme con esa relación.
Una joven que creía que el mundo era conquistable. Una hija de clase media argentina que tenía una natural ambición de ascenso social.
Y Rubén representaba para ella el joven a conquistar. El de su mismo origen, el de su mismo barrio. El que a ella le atraía y el hombre con el que había tenido su primera relación sexual.
Pero ella quería ascender y eso implicaba romper con ciertos esquemas. Con esquemas que tenía Rubén y ella misma en su origen.
Y Margarita era una excelente alumna en la carrera, algo que se daba por la doble condición de ser una mujer inteligente con un orgullo tan grande como luego lo fueron sus ambiciones.
Margarita quería mudarse al norte de la Capital o al menos a un barrio de Capital como Caballito o Almagro que tenían departamentos que consideraba que estarían a su alcance.
Pero Rubén no podía dejar Avellaneda. No podía dejar de estar cerca de ese taller donde tanto puso su padre y tanto había aprendido él mismo.
El necesitaba ese entorno que era su casa paterna, su madre, su taller, su barrio…
No se animaba a mirar más allá de las montañas de su valle. Ese era su límite pero quizás también, su fortaleza.
Desde antes que Rubén y Margarita decidieran casarse, estaba escrito que terminarían por caminos distintos, como dos cometas que durante siglos confluyen en su órbitas luego al tocarse comienzan a alejarse para siempre.
¿Pero quién sabe cuál es el final de aquello que aun no ha comenzado?
¿Y quién sabe lo que una mujer y un hombre están dispuestos a hacer para compartir sus sueños, sus proyectos y sus cuerpos?
                                                                      

sábado, 9 de abril de 2011

La Utopia- Una reflexion del otroqueescribe y una poesia de Kavafis

A veces me pregunto que busco, que es aquello que anhelo.
Pregunto si he conseguido lo que quería.
Pero si miro mi vida, han sido mis intentos el flujo principal de la misma.
Sobre esos intentos han transcurrido estos años, algunos maravillosos ,otros inmensamente tristes pero todos vtales. Hermosos en el dolor y la alegría.
Si no existiese el anhelo, la utopía , la búsqueda...Aquella que nos dice que atras de aquella montaña que cerca nuestro valle hay otras montañas. otros rios, otros desafios y otros hombres y mujeres para conocer, para admirar, para amar.
Ir a esos lados no con el afan de conquista del Imperio, sino con el alma ávida de conocimiento del explorador. Y sumergirnos en esas tierras como a veces lo hacemos tan tozudamente en nuestra alma

Y esta poesía de Konsdantinos Kavafis, que me ha enviado mi amiga Marcela, refleja lo que la tierra amada significa en la búsqueda.
La utopía nos mueve.
Pero si llegasemos a ella el camino se ha acabado.
No nos apresuremos en alcanzarla, vivamos buscandola que quizás eso sea la vida.

Itaca
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.


Konstandinos Kavafis (1863-1933) nació y murió en Alejandría

lunes, 4 de abril de 2011

Nicola-II-La historia de los hombres

Nicola-II-La historia de los hombres


¿Por qué todo había cambiado tanto?

Si en Reconquista a los quince años soñaba con tener su taller de reparación de maquinas agrícolas, quizás casarse con Mariana y tener hijos. A los que criar. Estar con ellos y no morirse y dejarlos solos como había hecho su padre.
Nicola llevaba adentro ese dolor irreductible de las pérdidas que no se sacan del alma. En su casa jamás se hablaba del padre muerto. Era una especie de pacto para “olvidar”. Quizás su madre y sus abuelos pudieron olvidar. Nicola no, siempre presente la ausencia del padre. Siempre la presencia de esa ausencia, ese contrasentido que nace del deseo, de la necesidad de que él  estuviese allí.
Aun ahora con cuarenta años, siendo un hombre hecho, hubiese necesitado de su padre. Para hablar de esto que estaba en su alma.
Hablar de esto que los hombres no hablan y que es el dolor, la muerte, la vejez,  la perdida…
Le molestaba pensar de ese modo. Hacia afuera Nicola fanfarroneaba. Daba consejos desde la altura de quien tiene paz espiritual. Pero adentro Nicola era este.
 Este que ahora toma mate y mira el barrio obrero en el que vive desde la ventana de su cocina.
Este que se pregunta cómo debe ser un hombre para sentirse entero consigo mismo. ¿Cómo tener el ímpetu para la pelea diaria?
Mira el malvón y la Santa Rita en su patio. Son sus plantas preferidas. Y las de su mujer Adela.
Nicola la conoció  cuando ella lo llamo por teléfono para que le arregle el calefón.
El había llegado al Dock Sud, acogido por la colectividad yugoeslava que vivía en el barrio y en los comercios había carteles escritos a mamo promocionando los servicios de Nicola como “experto plomero gasista”.
En realidad jamás había sido plomero gasista pero sus compadres lo convencieron que su habilidad manual y su inteligencia harían que ganase rápidamente fama como tal.
-Además- le decía Herman Zupan, un primo lejano- en el barrio no hay ningún gasista bueno y es importante que haya uno.
Así fue que Adela llamo al teléfono promocionado en el negocio de Herman, un almacén casi de ramos generales, y del otro lado lo atendió una voz joven, con un acento que Adela no supo ubicar.
Cuando Nicola la vio por primera vez, sintió atracción. Pero luego cuando la muchacha hablaba con él mientras desarmaba el calefón, comenzó a sentir empatía.
Y ella entonces le cebo un mate que el tomo como el mejor convite para hablar. Y Nicola sintió el calor en el cuerpo que una mujer produce en un hombre.

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Edith enviaba a sus hijos a la escuela pública y los hacía ir periódicamente a la Biblioteca popular Juan Maria Gutiérrez.
 A veces el abuelo Dussan los acompañaba. Entonces elegían los manuales de la Enciclopedia Clásica Jackson y tomaban La Ilíada de Homero.
El abuelo los llevaba a una sala  donde se podía “hablar bajito” y les leía el resumen sobre la gesta de Aquiles, Menelao , Patroclo y Héctor.
En la mente de Dussan, su mujer y su hija, los libros representaban la herramienta de ascenso.
Dussan había sido militante anarquista en su juventud y estaba imbuido de las ideas de progreso de los trabajadores y consideraba que las enciclopedias representaban el saber condensado de la humanidad.
Entendía que transmitiendo algo de sus textos a los nietos los acercaría a ese saber, que como cualquier mercancía era propiedad de la burguesía.
Dussan no quiso transmitir sus ideas anarco-socialistas a sus nietos. Un poco porque sentía que eran ideas de otra época de su vida y otro poco porque quería que sus nietos cambiasen de clase social.
Dussan soñaba con títulos universitarios para sus nietos y el que lo logro fue Ivan el menor de los tres varones.
 Pedro el del medio llego a terminar la escuela secundaria. Pero Nicola termino la primaria e hizo solo dos años de secundaria.
 No fue por falta de talento, sino el resultado de la vida de una familia de trabajadores.
Hacía falta que Nicola aportase siendo el mayor de los hermanos. Hacía falta ese aporte y no otro gasto ya que el aporte del abuelo Dussan era bueno, pero Edith la madre de Nicola se sentía siempre en deuda con sus padres.
Edith nunca sintió una deuda con Nicola. Un particular sentido de la propiedad sobre el esfuerzo de su hijo hacia que sintiese el dinero del trabajo de Nicola como propio y como propio también el aporte que hacían a la economía de la familia.
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Nicola pensó en su madre. La recordaba viéndola amasar.
A ella le gustaba hacer appfelstrudel y a él le deleitaba mirarla mientras ella amasaba y amasaba con sus potentes brazos hasta que la masa se ponía suficientemente delgada y consistente como para transformarse en hojaldre.
Appfelstrudel: el pastel de manzanas de los austriacos y los alemanes del Sur.
Recordaba a Herr Kirsch. Un alemán simplón que era vecino de su abuelo e intentaba vanamente conquistar a su madre. Quizás si en vez de decirle Herr lo hubiese, alguna vez, llamado por su nombre -Andreas- a Nicola le hubiese caído más humano, más simpático.
Pero Andreas Kirsch era un alemán orgulloso, y consideraba que tenía motivos para sentirse así en tanto era alemán.
A medida que crecía, Nicola despreciaba a ese hombre pero esencialmente a ese aire de superioridad que transmitía.
Nicola  no tenía una imagen fuerte de su padre, porque en su casa se evitaba hablar de él, de contar cosas de él. Pero  definitivamente Kirsch no representaba una imagen masculina por la que sintiese curiosidad o admiración.
Nicola tampoco pregunto demasiado sobre su padre. Ni cuando tuvo edad de hacerlo y lo que es peor, cuando tuvo necesidad de hacerlo.
Nunca pregunto a su madre por que no había vuelto a casarse o a tener un compañero. Los hijos varones no hablan de eso con sus madres.
Y menos en Reconquista.
Y ahora que era un hombre tampoco lo hablaría. Apenas si llamaba por teléfono a su madre para el cumpleaños o para la Navidad.
¿Cuando le preguntaría que es lo que pasaba en su corazón cuando su padre había muerto?
¿Cuando la consultaría sobre lo que ocupaba su mente mientras amasaba y amasaba ese strudel que el saborearía junto a Pedro, Ivan y el abuelo Dussan?
El pensaba que solo debía esperar de su madre el calor en el hogar y jamás el abrazo contenedor.
¿Por qué Nicola, los hombres no podemos hablar de esos temas.
¿Por qué no se lo podemos preguntar a nuestras madres, sobre el dolor, la muerte, las enfermedades, las separaciones?
¿Acaso nos haría menos hombres, menos fuertes para la pelea, la digna pelea que nos convoca?
Vino a su mente My Way-A mi manera- cantado por Frank Sinatra aunque no, la versión de Paul Anka le parecía mejor:
…FOR WHAT IS A MAN, WHAT HAS HE GOT?
IF NOT HIMSELF, THEN HE HAS NAUGHT…
Nicola apenas entendía el inglés, pero su curiosidad lo llevaba a la lectura de las letras de los temas que le gustaban y él pensaba eso.
Mientras crecía y se fortalecía pensaba eso que mágicamente le transmitía esa canción que Adela le regalo en un “long play” de Frank Sinatra cuando el cumplió treinta y cinco:
Para que es un hombre
Que es lo que lleva dentro
Si no es el mismo
Entonces es nada, es nadie
Tantas veces surcaron en su cabeza esas ideas, que ahora una canción condensaba!
Quizás Adela solo admiraba a Sinatra. O quizás entendía lo que ese verso podía significar para él.
¿Por qué no?