OTRO QUE ESCRIBE

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lunes, 16 de mayo de 2011

Relecturas de DEMIAN de Herman Hesse- Filosofia y Existencia- -una reflexion del otroqueescribe

Filosofia y Existencia- Relecturas de DEMIAN de Herman Hesse


Cuando comento que me cuesta estar solo, alguien me dice que es bueno aprender a estar solo.
Cuando digo que busco como debo seguir, alguien me dice que debo dejar fluir las cosas y encontrare el camino.
Es un diálogo de sordos. Si me cuesta estar solo, si tengo temor de sentirme solo- y me refiero a la pareja y no al amor de mis hijos, mis nietos, mis padres y mis amigas y amigos- estoy hablando de una vivencia
De un sentimiento actual. Ahora.
Lo otro, lo que es bueno aprender o lo que se debe dejar fluir son reflexiones. No consejos ya que no son dichos desde la distancia, sino desde la compañía.
Pero reflexiones, más parecidas al fruto del árbol de la filosofía que al fruto del árbol de la existencia.
Y estos días, yo soy existencia pura.
Ya llegara el momento de la paz, en el que la introspección y el camino del dolor hayan hecho su balance.
Pero hoy necesito- y así lo hago-  vivir las cosas con el cuerpo. No esconder los sentimientos y dejar que la existencia me lleve, sin que me devore.
Son días difíciles, aunque ya he vivido otros que podría llamar iguales.
Comienzo a ver que no debo buscar mi “misión”. La vida ya me la ha presentado varias veces y de diversas formas. La vida me ha obligado a buscarme a mí mismo.
Quizás ahora estoy pensando , si ese deber lo tome y lo cumplí como para sentirme contento con mi tarea o debo redefinir y pulir las herramientas  que usé en otros casos , porque serán irremisiblemente inútiles en la nueva acometida.
Vayan estos párrafos de Herman Hesse en DEMIAN para completar este corto razonamiento. Hesse maestro del pensamiento existencial, hace hacer estas reflexiones a su personaje Sinclair y en mi arrancaron estos simples pensamientos que acabo de exponer.
“…Y en este punto me abraso de repente como una aguda llama, la revelación definitiva: todo hombre tenía una “misión”; pero ninguno podía elegir la suya, delimitarla y administrarla a su capricho. Era equivocado querer nuevos dioses, era completamente equivocado querer dar algo al Mundo. Para el hombre despierto no había más que un deber: buscarse a sí mismo, aferrarse a sí mismo y tantear, hacia adelante siempre, su propio camino, sin cuidarse del fin al que pudiera conducirle. Este descubrimiento me conmovió hondamente, y tal fue para mí el fruto de todo este suceso.
Muchas veces había jugado con imágenes del futuro y había ensoñado los destinos que me estaban reservados como poeta quizá o quizá como profeta, como pintor o como quien sabe qué. Y todo esto era equivocado, Yo no existía para hacer versos, para predicar o para pintar.
Ni yo, ni ningún hombre existíamos para eso. Todo ello era secundario. El verdadero oficio de cada era tan solo llegar a sí mismo…”

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