OTRO QUE ESCRIBE

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domingo, 15 de mayo de 2011

Inmanencia y trascendencia- una reflexión del otroqueescribe

Inmanencia y trascendencia- una reflexión del otroqueescribe


En la serie de entregas Avellaneda Blues, analizo la relación de Rubén Giameo con su padre Antonio. Dos personajes tomados y compuestos de una familia de mecánicos de autos que vivían en la ciudad de Avellaneda y que conocí en mi juventud.  
Allí escribo:
“…Y esa sensación era la cerrada relación entre un padre y su hijo varón como el caso de Rubén y Antonio , o el preferido de sus hijos, si tuviese más de uno como el caso de Pietro y Antonio.
Una relación de esas características genera en el hijo un mundo de responsabilidades y un entorno de pensamiento en el que el deber y lo que se debe hacer aparecen como las guías de la conducta.
Y así era Rubén. Siempre el chico responsable. El “hombrecito” como le decía su madre y sus tías con el ojo afilado para impulsar y aplaudir las conductas que consideraban masculinas.
Rubén pensó muchas veces en esto, en ese mandato familiar de la responsabilidad, de lo que debe y no debe ser a medida que su relación con Rita de desgastaba y el no encontraba nuevas herramientas dentro suyo para afrontar los nuevos problemas.
Y no las encontraba porque esas mordazas de su pensamiento, esos mandamientos que lo habían educado de niño y de joven y le habían permitido encontrar un mundo seguro, hoy no eran capaces de guiarlo frente a la vida y los nuevos problemas que le planteaba.…”

Mientras escribía esa entrega, pensaba en la frase de Abraham Maslow:
"It is tempting, if the only tool you have is a hammer, to treat everything as if it were a nail."
Algo así como:
“Si tu única herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo.”
¿Cuánto nos sirve lo aprendido frente a los nuevos problemas?

Es crítica esta pregunta cuando estamos en una crisis, cuando necesitamos enfrentar problemas cuya magnitud no podemos rastrear en el pasado cercano.

Entonces tendemos a usar esas herramientas que usábamos en los instantes previos a la aparición real de nuevo problema.
 Digamos que esas herramientas tuvieron su utilidad en otros casos, en otras situaciones, o más preferiblemente en otro momento de nuestra vida.

Entonces es nuestra tentación usar esas herramientas, esos martillos para trabajar con este nuevo problema.
Pero…no es un clavo ¡!!

 
Me surge preguntarme entonces como juega en estos casos lo que llamaríamos inmanente. Es decir lo que se ha transformado en propio de nuestro ser. Lo que ha decidido (¿o hemos decidido?) acompañarnos de por vida.
¿Como juega esa esencia en esos momentos de cambios y de dimensiones no conocidas?.
¿Será lo que nos aferrará a la vida y con eso ayudarnos a encontrar la nueva herramienta.¿ Como un Mesías traerá las nuevas visiones para enfocar lo que nos aflige?
¿O será un lastre con el que debemos convivir como con nuestro rostro y nuestro aliento ?



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