OTRO QUE ESCRIBE

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sábado, 26 de febrero de 2011

II-Avellaneda Blues - Informe II

II-Avellaneda Blues

Es inútil buscar la plaza frente a la estación de tren.
Inútil buscar la iglesia de construcción gótica frente a la plaza. Avellaneda no es un pueblo del centro de la provincia de Buenos Aires.

 Es una ciudad, en la una tarde he podido escuchar goles de dos hinchadas rivales , como en Noviembre de 1977 cuando por el torneo de la AFA, Malatesta por Racing y Picculini por Independiente marcaron sendos goles con seis segundos de diferencia.

 Claro, jugaban en distintas canchas y contra distintos equipos, pero quiso la casualidad que conquistasen sus goles casi a la misma hora y entonces los que estábamos por las calles aledañas escuchamos los rugidos con apenas segundos de diferencia.
 Siempre quedo grabado en mi memoria ese hecho.

EL futbol es parte de Avellaneda. Como son sus industrias alrededor de las cuales giro su verdadera fundación.

 Que lejos esta Avellaneda de la ciudad de Buenos Aires ¡!

Que lejos esta en espíritu, ya que la capital esta fundada alrededor del dinero y el contrabando-

Y esto lo dice alguien que ha nacido porteño y -como contare mas adelante- hoy dia vive como porteño, pero la capital esta pensada para ser del manejo del agente de bolsa, del gerente de las cerealeras, del director de un banco.

 Es decir esta pensada para que la manejen los cagadores, los cagatintas y los cagones.
 Se que mi primo estará en aprietos al tener que sostener en su pagina de FaceBook semejantes afirmaciones mías, pero mi primo tiene el coraje que se nos reconoce a los Barranco.

 Avellaneda esta fundada sobre los ruidos trepidantes de los engranajes de las maquinas, los golpes de las prensas de metales y el sonido seco y trabado de los cuchillos abriendo la carne…
 Y esa es su marca.
 En una de las calles que cruza a la Avenida Belgrano, había una pequeña clínica (donde hoy existe una edificio de viviendas particulares) que era del Sindicato de Pretroleros, donde nació mi hija mayor.

 En esa época yo trabajaba en la Shell. Era un operario del area de montajes .
Los montadores son hombres rudos. Deben lidiar con le gravedad de las construcciones metálicas, el desequilibrio de los contenedores de liquidos, la complejidad de las calderas y la rispidez de los intercambiadores de calor.
 Deben saber usar el soplete, conocer de trazado de cruces de piezas en el espacio y debn conocer al menos una de las mas difíciles, llena de secretos y maravillosa de las actividades manuales: la soldadura de metales.

Yo era un joven que amaba la política y creía en la Revolución. Una tan grande y tan profunda que haría de nosotros, los hombres mejores personas.
Un joven que prefería ser obrero , en vez de estudiante de ingeniería, ya que en la primera elección encontraba su mundo o mas precisamente la profundidad ardiente del mundo que anhelaba.

Miro para atrás y veo entre la bruma un joven que creía y anhelaba.
Me cuesta reconocerlo en este hombre, cercano a los sesenta años, pero quizás este juego de escribir parte de mi vida y parte de mi ficción me ayude a sacarlo.
Un joven de verba fogosa , orador callejero en las campañas , fogonero en las asambleas estudiantiles de la facultad de ingeniería y los maduro-para la edad- en los sindicatos obreros.
Soberbio, provocador, quizás por demás.

Veo partes mias en mis hijos y mis hijas. Cuanto tendrán en el fondo de mi?






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