OTRO QUE ESCRIBE

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sábado, 26 de febrero de 2011

I­-Avellaneda Blues- Informe I

I­-Avellaneda Blues

 Durante el mes de Diciembre la llegada del verano modifica el clima Bonaerense.
 La humedad del aire hace que ciertos días resulten francamente insoportables
 En Diciembre festejamos las fiestas navideñas y confundimos cristianismo con los iconos sajones y mezclamos todo con un shopping o una modesta tienda de barrio.
 No es mi papel defender al cristianismo ni, aquí al menos , criticar el consumo en shoppings.
 Solo quiero tener a mano ese reflejo de mala conciencia que implica tener a un señor gordo con barba roja todo abrigado- con trineo y renos-, bajo el clima torrido de Buenos Aires y el Litoral en cada Diciembre
  Quizás no lo sospechamos, pero actuamos como pavotes.
 Tampoco sospecharía Juan de Garay qua al asignarle en 1580, al Adelantado Juan vera Torres y Aragón las tierras que serian de su propiedad, ellas serian la tierra de la primera y más potente ciudad industrial de la Nación y quizás de Sud América
 Las tierras que iban desde Punta de Gaytan hasta la margen derecha del riachuelo “con aquel anchor y aquel derecho de recorrer a la tierra adentro hasta dar en el exido”.
 No sabemos si Juan vera Torres y Aragón fue un pavote. En todo caso fue un ausente, ya que no existen registros de que alguna vez haya visitado siquiera las tierras actuales de la ciudad de Avellaneda, otrora Barracas al Sud.
El Riachuelo semeja un suelo enchapado,, como si el marrón oscuro de su superficie no fuese dado por la suciedad o los desperdicios de las factorías sino por el compuesto metálico oxidado de las metalúrgicas de la zona
 El fuerte olor es la mezcla de los desechos de las industrias químicas, de restos metalúrgicos y de un relicto de sebo vacuno que nos recuerda que por allí estuvo el frigorífico “La Negra”.
 El frigorífico funcionaba sobre la avenida que nacía en el Riachuelo y buscaba el oeste. La ciudad de Avellaneda recibía del frigorífico el olor a sangre y grasa vacuna que impregnaba el aire y recordaba a todos un principio básico de la supervivencia: la muerte de unos para que otros vivan.
Si algo falta ahora en la ciudad de Avellaneda, para entender esa conjunción de virilidad y brutalidad que caracterizo a  los políticos y los sindicalistas en  la vida de la ciudad de mi niñez y juventud , es la presencia de ese frigorífico.
 Durante los años de la inmigración europea, miles de italianos y españoles entraron como obreros al mercado de trabajo en la ciudad, pero este “aluvión gringo” no invadió la tierra del criollo: El Frigorifico.
Aquí fue donde la mano de obra local era predominante, donde la maestria con el cuchillo , el contacto con los animales y el valor personal exigiese que fueran los hijos de Fierro los llamados a la tarea.
De joven camine esas calles, aun sin ser un hijo del suburbio.
 Hijo de clase media alta, la época me llamo a estar donde el destino pensado por mis padres no lo imaginaba: Los sindicatos
 Alli empece en el metalúrgico de Avellaneda y luego en el de los Petroleros
 Y ese olor a sangre del suelo lo sentí en mi propia nariz cuando desperté sobre el empedrado de la calle Estevez después de una feroz paliza. Era demasiado tonto y demasiado idealista como para haber huido por miedo .cuando los matones me vinieron a recordar que una cosa eran las asambleas universitarias y otra la vida de los sindicatos.
  Carne animal y chatarra. Sebo y escoria. El cuerpo de Avellaneda esta hecho de buen material
  Mas lejos me ponía mi origen de cuna de esa Avellaneda, más cerca mi alma se adentraba en ella.
 Como algunos años después lo seria Mataderos, que compartía con mi ciudad la carne y el acero como motores del barrio, de la ciudad, de la pequeña aldea..
  Fabricas, barracas, clubes de futbol. Toda una panorámica de una ciudad que esta al sur de Buenos Aires a la misma distancia que al norte lo están Vicente López y San Isidro.
   Pero acá-al sur- hallaremos menos café concert y ferias artesanales
 Hasta la Universidad símbolo- la UTN- era la antigua Universidad obrera. Nombre que perdió para mostrar dos dogmas liberales: Una que no es el origen social el que debe emparentarse a una profesión, la otra es que no puede existir una casa de estudios de excelencia con cursos, materias y profesores para recibir obreros que quieren progreso.
 Cuando en el verano de 1977 decidí retomar mis estudios de ingeniería y elegí la Universidad tecnológica, me toco hacer el curso de ingreso en la sede Avellaneda de la tecnológica.
 La vida me devolvía allí - yo en esa época vivía en Almagro- para re-encontrarme con un compañero de militancia que al poco tiempo fue desaparecido.
….



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