OTRO QUE ESCRIBE

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sábado, 30 de julio de 2011

Releyendo RAYUELA : El embeleso y el capitulo 7 de Rayuela- una reflexión del otroqueescribe

Releyendo RAYUELA : El embeleso y el capitulo 7 de Rayuela- una reflexión del otroqueescribe

Recuerdo noches de pasión con Mi  Dama y la sensación de embeleso, al sentirnos abrazados, desnudos piel a piel y desnudos frente a la vida, buscando ese lugar que aun no habíamos hallado
 Tocaba sus pómulos y llegaba al cuenco de sus ojos, donde esa mirada triste y serena, ese mar de almendras me recibía.
A veces sus cejas eran el dibujo de mis dedos y después la besaba. Largamente, sintiendo el amor recíproco.
Dentro mio flotaba la duda, no del amor por ella, sino de mi compleja y entrelazada vida.
Pero esos momentos de embeleso, de arrobamiento, eran el bálsamo. La crema del hada sobre las heridas. La Crema Del Cielo
He vuelto a leer en estos días Rayuela. Y seguramente, al igual que las veces anteriores, se que no la terminaré. Se que me enojaré en algún punto con ese Cortázar bohemio, que refleja al inoperante Olivera y sus presumidos amigos.
 Que cuenta sobre el corazón egoísta de ese rosarino, que no es capaz de amar con intensidad a una mujer que lo asombra y conmueve.
Pero bueno, en todo caso ese es mi problema, no el del difunto Cortázar o sus miles y miles de lectores y admiradores.
Sin embargo hay partes de Rayuela que me cautivan. Me sorprende el grado artesanal de elaboración de algunas partes, pero hay otras que me convencen que ese Olivera (Cortázar) de Rayuela fue un cobarde, que no se animo a darle vuelo a su alma.
Y que mejor muestra de cuan profunda y comprometida podría haber sido ese alma que leer esta maravilla que esta en el capítulo 7 (séptimo en el uso normal y treceavo en el complicado “Juego de la oca” que Cortázar propone para la lectura completa del texto)
Alli las palabras de Cortázar reviven mis sensaciones de embeleso con Mi Dama y ese juego de descubrimiento entre un hombre y una  mujer



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

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