OTRO QUE ESCRIBE

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domingo, 28 de agosto de 2011

Nini Marshall: In Memorian sin mayor trascendencia

Nini Marshall: In Memorian sin mayor trascendencia


Mi madre siempre admiro a Nini Marshall. Sentía por ella una admiración y un afecto al que mi madre no es proclive.
De esa admiración, nació muchas veces mi interés por esa mujer , por entender como era una mujer que tuviese un humor tan notable. Tan profundo y rico y tan extremadamente alejado de la ironía neurótica de Maitena o las obviedades faltas de gracia de Gabriela Acher.
"Pobre Pascual, flor de zapatero... Ay, yo me quedé hecha un yelo cuando me dijeron que había muerto. Le tenía tanto afeto. Pa’ mí era más que un zapatero. Pa’ mí era una madre... Ya ven, me vine al velorio como estaba, de espor. Disculpenmé, apenas pude traerme a los chicos para que vieran un velorio, que nunca habían visto. Y están ahí, fasinados con el muerto... “
Nació cuando nacía el siglo XX. El siglo igualado al cambalache al que se refería Discépolo sin dar mayores precisiones históricas. Porque a mi entender, el cambalache al que se refería el entrañable Enrique Santos no difiere demasiado de otros cambalaches históricos que me imagino existían en la época del Imperio Romano, La revolución Francesa o el imperio de Genghis Khan.
Pero volvamos a la magnífica mujer de “Mujeres que trabajan” y “Navidad de los pobres”. 
Catita nació para el resto de los mortales en la primera de las películas que menciono y en realidad tenía un nombre mágico : Catalina «Catita» Pizzafrola Langanuzzo.
Cuando uno la ve a Catita en acción, recuerda esas reflexiones posteriores de nuestro querido Arturo Jauretche sobre el guarango y el tilingo. Pero ella es profundamente guaranga. Es decir es contestataria. Produce su cultura con orgullo.

Pobre don Pascual. ¿Y cómo fue? Redepente, de un ataque sincopado. Se acostó vivo y se dispertó muerto. Ay, qué triste morirse sin avisar. Morirse de incónito... Se le cortó la digestión después de comer. Por eso digo: es mejor hacer la disgestión antes de comer... Ay, pobre don Pascual, lo enterramos esta tarde... No, no pusieron el aviso fúnebre en el diario porque le dijeron que le cobraban trescientos mil pesos el centímetro, y como el finado medía un metro ochenta, calculen. (...)

Pero para que pudiésemos ver a esa Catita de Mujeres que trabajan o Mujeres que bailan, ella tuvo que nacer. Tuvo que existir en la mente Niní y en su enorme capacidad histriónica. Tuvo que existir un modelo, una persona o varias de ellas que alimentasen esos comportamientos, y esa alma simple que Catita representaba y nos transmitía.
“…La que no vino al velorio es la Gladys, la que tuvo un desengaño con el novio. Sí, hace años tuvo un desengaño con el novio, pero el desengaño ya está grande, ya va al colegio…”
 Entonces siento que ella pudo llegar en sus sentidos y en su piel a incorporar a otro de modo tal de generar una vida nueva a través de su personaje. Y esa sensación me produce admiración al ver asimismo que lo que ella crea al ponerse en el lugar del otro, hace que yo sienta al otro…y la desconozca a ella.  
Cuando intento escribir solo puedo crear a partir de historias auto-referenciales. Quizás el personaje no sea yo, pero son parte de mi vida, parte de mis ideas o de lo que yo soy íntimamente.
En cambio ella, la encantadora Cándida, la querible Catita o sea Niní, podía penetrar otras almas y ponerse esas almas en su propio cuerpo. Y eso me maravilla. Quizás eso hagan los verdaderos actores y por eso a aquellos que reconocemos como tales, los amamos.
“…El domingo fuimos al cine. Como no conseguimos entradas, nos fuimos al cementerio, a visitar las tumbas, y pasamos una tarde en contato con la naturaleza. Una naturaleza muerta, claro... Había cada tumba... Estaba la tumba de Filemón García, el mago del mandoneón. Tenía encima un mandoneón pedestre, o sea de piedra, y esta espresión: ‘En este mundo tocaste el mandoneón
cuando te sorprendió la negra parca.
 No te aflijás, querido Filemón,
porque en el otro mundo tocarás el arpa’.
¿Se acuerdan de Filemón? Cómo tocaba ese istrumento, día y noche. En el barrio le decían gusano porque tenía podrida a toda la manzana…”
Si pienso que ella perdió a su padre cuando tenía dos meses, que se separo de su esposo porque era un jugador enfermo, siento una necesidad masculina de protección. De brindarle cuidado a esa abuelita que vi personalmente una vez en la Avenida Corrientes a los inicios de los ’80.
Pero ese cuidado ella no lo necesito, seguramente, porque su alma fue lo suficientemente robusta como para hacer humor sobre la muerte y una visión cínica  sobre La Parca.
“…Cuando llegué al centro de espiritistas ‘Alma Centena’, que dirige el doctor Sensafiore, el salón de atos, o sea, el comedor, estaba escuro. Y alrededor del trípoli, o sea, la mesa de tres patas, los clientes de los espíritus se tocaban la punta de los dedos para producir la corriente manética que le dicen... El doctor Sensafiore dijo: ‘Si hay un espíritu presente, que dé un gorpe. Si no hay ninguno, que dea dos gorpes’. Entonces ¡prum! Apareció el espíritu de mi tía Carmela... Mi tía Carmela, hablando materialmente, se murió de un cayo malino; el cayo se le infestó, le vino la grangrena y hubo que cortarle las dos piernas. La infeción era en una sola, pero el dotor dijo: ‘Ya que estamo le corto la otra. Para emparejarla’. Un dotor muy prolijo. ¿Que cómo quedó mi tía Carmela? Así de bajita. Vino a quedar como la Venus del Mirlo, manca de las piernas. Porque a la Venus del Mirlo, o sea, la diosa de los muñones, unos dicen que le cortaron los brazos porque se le infetaron las vacunas, otros dicen que porque se metía los dedos en la nariz. A mi tía Carmela, después que se murió le hicieron la autosia para ver si se había muerto o eran mañas... “
¿Será cierto que Eva Perón la mandó prohibir a través de un burócrata alcahuete como era Juan Duarte?. Quizás fue así como la mejor evidencia histórica parece indicarlo. Quizás fue porque simuló una prostituta con el tipo de Eva en una fiesta a la que asistió Fanny Navarro. Y quizás Fanny Navarro que era bastante floja de abajo, como suele decirse, se lo contó a Juan Duarte que era flojo…de cualquier lado que se lo mirase.
Y entonces veremos un drama. Pequeño pero argentino en el que dos mujeres que amamos, se enfrentan, se odian, se celan…
Nada de todos modos pudo destruir al genio de Niní y es hora que la incorporemos a nuestra cultura y la saquemos de las efemérides  yertas del diario La Nación
¿Saben que yo quedé viuda en plena luna de miel? Habíamos ido a Bariloche. Un día, subiendo el Tronador, marido mío pierde el pie y se cae en el fondo de un precipicio. Al día siguiente encontramos tirada sólo la mitad del cuerpo, felizmente la mitad donde llevaba la cartera con toda su fortuna. Así que gracias a Dios, mi marido no perdió nada más que la vida.

Las otras noches salí sola a caminar y tres hombres me secuestraron... pero en el primer farol encendido me largaron.

Mi último marido se me murió de una nada, un resfrío. Lo atendieron cinco médicos. Y no se pudo defender.

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